Buenos Aires (Especial de NA) -- El Gobierno parece enredarse en problemas recurrentes que desgastan su imagen y le impiden recalar en costas de mayor tranquilidad política y económica.
A escasas horas de haber asumido, a la presidenta Cristina Kirchner le estalló el caso de la "valija voladora" del misterioso empresario Guido Antonini Wilson.
Por aquellos días, se utizaron conceptos de grueso calibre contra el Gobierno de los Estados Unidos, a pesar de la intención que traía Cristina de apostar a una mayor inserción internacional. Ahora, el caso judicial que se ventila en Miami trae más revelaciones, muchas confusas, y la relación entre ambos países naciones vuelve a tensarse.
Para colmo, en esta oportunidad se da en una supuesta ofensiva de Washington contra la región, sobre todo, en Bolivia y Venezuela.
En este marco, Buenos Aires es solidario con La Paz --y por ende con Caracas-- pero a su vez no quiere que la sangre llegue al río con el gobierno de norteamérica.
Prueba de ello es que la jefa de Estado confirmó su visita a Wall Street la semana próxima, donde disertará en el Consejo de las Américas y luego participará en la rueda del Nasdaq, el mayor mercado tecnológico del mundo.
También es gestionado un nuevo encuentro con el funcionario de George Bush para la región, Tom Shannon, quien también ha mostrado más de una vez dotes de equilibrista para encarrilar la relación bilateral.
Como otra muestra de este delicado statu quo, para este viaje hacia Nueva York estaba prevista una escala en Venezuela que al final no se realizará.
Al gobierno republicano no le despierta demasiada confianza la gestión kirchnerista, pero aún mantiene a la Argentina como un socio estratégico, que sirva de compuerta de una mayor radicalización en Bolivia y Venezuela.
Es en este marco que las críticas de la Argentina hacia los Estados Unidos dan paso luego a señales de distensión.
Es posible, entonces, que el ya denominado "valijagate" haya caído en el peor de los momentos.
Justo cuando la amenaza de una guerra civil ser cierne sobre el país del altiplano y Hugo Chávez amenaza con encabezar el mismo la ofensiva contra los "secesionistas" bolivianos, algo que se escuchó con fuerza en el continente.
El gobierno argentino no puede desembarasarse de los problemas recuerrentes y la respuesta puede encontrarse en un alambicado esquema de fidelidades.
O acaso no se debió ir Claudio Uberti por las sospechas que recaían sobre él en el caso de la valija con dinero que habría ido a financiar la campaña electoral, según los términos que se ventilan en el juicio.
Por qué el operativo limpieza se limitó a un funcionario de segundo rango que respondía a una estructura concreta.
Lo mismo ocurre con otros temas, como el INDEC y Guillermo Moreno. ¿Vale la pena sufrir desgastes tan fenomenales en pos de no se sabe bien qué?
Mes a mes, la difusión del costo de vida se convierte en un capítulo dramático, y ahora trajo aparejado un brutal castigo contra los bonos de deuda.
Quizá la respuesta la dio el ex ministro Martín Lousteau, quien trata ahora de limpiar su imagen tras aquelos febriles días al frente del Ministerio de Economía.
En el primer reportaje que concedió luego del "ostracismo", dijo que el matrimonio Kirchner está "enamorado de los problemas y la crisis", y dio a entender que no sabe gobernar un país en la normalidad.
Y, precisamente, es eso lo que necesita la Argentina: tiempos de normalidad.
En el río revuelto de las denuncias por corrupción, la que siempre saca más provecho es la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió.
En esta oportunidad aprovechó para castigar no sólo al Gobierno, sino también a su hipotético rival con vistas a una puja presidencial, el radical Julio Cobos, por el "manejo" de los gastos en la última campaña electoral.
El estado de sospecha que quiso levantar Carrió llevó a Cobos a despegarse del asunto y aclarar que su espacio dentro de laConcertación no tuvo nada que ver con la recaudación de fondos.
Un marco político neblinoso, junto a la histórica fama de incumplidor del país, facilita el embate financiero como que se vuelve a sufrir hoy, a pesar que las cosas distan de parecerse a las del existían en el fin del siglo XX.
No bastan los superávits gemelos, ni las reservas, ni la baja del gasto, y un manejo casi ortodoxo de la economía, más allá subsidios y frases declamatorias contra el mercado.
Este ataque queda en evidencia no sólo por la baja de los bonos argentinos y la suba de riesgo, sino también porque los actores son similares a los que se veían en la época anterior al default.
Ahora, apareció en el primer lugar de la escena Lehman Brother s, justo el banco que cayó en desgracia por desmanejos con los créditos hipotecarios de segunda línea de los Estados Unidos.
Es que un informe muy crítico para la Argentina partió del economista para América latina, Guillermo Mondino, quien fue jefe de asesores de Domingo Cavallo.
El trabajo cuestiona la decisión del gobierno de pagarle al Club de París sin someterse al monitoreo del FMI para no revelar las verdadera cifras de inflación.
El propio Cavallo emitió otro informe que advierte que la manipulación de los índices de precios "implica ya un default al sacarle valor a los bonos que se indexan por la inflación".
Basta con recordar los últimos tiempos de Cavallo como ministro cuando hablaba del "déficit cero" y forzaba al Congreso a aprobar la Ley de Intangibilidad de los Depósitos, cuando la fuga de capitales ya estaba instalada en el país.
También por aquellos dìas, antes del corralito financiero, Lehman Brothers hablaba bien de la Argentina, tal como recordó en los últimos días la Presidenta de la Nación.
Con las cartas ya jugadas, los depósitos atrapados y el Banco Central otorgando redescuentos a las entidades en problemas, que varias de ellas giraban a sus casas matrices en el exterior, un analista de ese banco de inversión expresaba: "La Argentina ya está lista para rendirse".
Ese funcionario era Joaquín Cottani, ex subsecretario de Financiamiento y ex negociador de la deuda en la primera etapa de Cavallo como ministro de Economía.
dcasal@noticiasargentinas.com
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Al gobierno republicano no le despierta demasiada confianza la gestión kirchnerista, pero aún mantiene a la Argentina como un socio estratégico, que sirva de compuerta ante una mayor radicalización en Bolivia y Venezuela.
Un marco político neblinoso, junto a la histórica fama de incumplidor del país, facilita el embate financiero como que se vuelve a sufrir hoy, a pesar que las cosas distan de parecerse a las del existían en el fin del siglo XX.



