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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 28/sep/2008 de La Auténtica Defensa.

El tránsito y la seguridad vial
Por Guillermo R. Uccella




"Como vecinos de Campana, no somos ajenos al serio problema de tránsito que se advierte en las calles de nuestra ciudad, ya que ellas se han transformado inseguras y caóticas. Esta preocupación alcanza a la sociedad toda y nos impone como partido político identificar sus causas, así como dar nuestra opinión para poder establecer entre todos una solución que disminuya los riesgos del problema a los que nos vemos sometidos en forma inmediata y directa en la vida diaria.

Ya fuere como peatones o conductores de distintos vehículos observamos con preocupación como una gran parte de los conductores circulan en expresa transgresión a las normas de tránsito.

Esta peligrosa situación pone en riesgo personal a todos los habitantes y en especial a los menores de edad que aún adolecen de la debida conciencia como para advertir los peligros que representa para sus personas.

La agresiva forma de circulación en un número cada vez mas crecido de conductores, somete a los restantes y a los peatones a una permanente situación de riesgo en su integridad física y respecto de la indemnidad de los vehículos de los demás.

Esta situación obedece en la práctica a dos causas, una de ellas se visualiza, en la ausencia de voluntad política para la ejecución y cumplimiento de las normas de tránsito, y otra en la irresponsabilidad que muestran muchos de los conductores, situación que nos asemeja a una sociedad que sobrevive en la anomia, o sea como si en el caso no existiera una legislación de tránsito para la circulación de los vehículos en la vía pública.

La primer causa acontece por el marcado incumplimiento de los deberes puestos a cargo de los funcionarios públicos municipales en la aplicación de las normas, y la segunda que nos comprende a todos, funcionarios públicos y particulares, ya que como ciudadanos venimos experimentando una pérdida de valores apreciables, y ello se traduce en insensibilidad de la persona y del derecho de los demás.

La actual situación del tránsito está mudando de lo caótico a lo anárquico, y no debemos olvidar que en éste último caso impera la ley del mas fuerte, mas propio en la naturaleza de las bestias que de la condición humana.

Resulta pública y notoria la gravedad de la situación, y solo a modo de ejemplo, observamos con creciente preocupación que una proporción cada vez mayor de bicicletas, motonetas y últimamente automóviles cruzan los semáforos con luz roja; que muchos vehículos circulan de ex profeso en contramano, aún en las principales calles de la ciudad incluido el tramo de la calle que pasa frente a la municipalidad; o que los conductores de motocicletas circulan varios metros por la vereda o superan a los automotores por el interior de la mano derecha de la calzada; con el grave riesgo para si mismos los peatones y el restante tránsito vehicular.

El tema adquiere la mayor importancia cuando se traduce a sus resultados, ya que las consecuencias de tal obrar provocan accidentes donde los involucrados pierden la vida o quedan sometidos para el resto de su existencia a una incapacidad o a la invalidez, respecto de personas que como sociedad debemos y deberíamos proteger y cuidar.

Mas allá de la irresponsabilidad de muchos de los conductores, es el Estado Municipal el encargado de cumplir y hacer cumplir las normas de tránsito a aquellos que se muestran remisos a la convivencia respetuosa y pacifica, y dado que como sociedad hemos delegado temporalmente el imperio de la aplicación de las normas de tránsito, es la gestión municipal la encargada de aplicarlas y hacerlas cumplir.

Muchos son los deberes que en esta cuestión pesan sobre el actual gobierno, y a juzgar por los resultados estadísticos respecto de la administración municipal se observa como si estuviera ausente.

Al evaluar la situación advertimos que el problema del tránsito presenta tanto una falencia en el mismo momento que el municipio extiende la licencia de conducir, como en la inejecutividad en la aplicación de las normas de tránsito que rigen la circulación y que surgen de la ley 11.430.

Si los conductores conducen en transgresión a las normas es porque las ignoran, o directamente las desprecian, y ello constituye un área de responsabilidad del órgano municipal para ambos casos, ya que ninguna persona puede acceder a la licencia de conducir si no sabe y ha aprendido con debida certeza la totalidad de las normas para conducir en la vía pública, así como la ineludible evaluación del conductor sobre la responsabilidad en el cumplimiento de la normas.

En cualquiera de esas circunstancias si se conduce con ignorancia o con desprecio, se está autorizando a una persona a conducir un vehículo, que en última instancia, dado el mal uso voluntario o involuntario se transforma en un arma.

La otra falla importante que se advierte de la actual gestión respecto de la materia de tránsito, es que siempre existen díscolos dispuestos a conducir sin importarles las consecuencias que con sus acciones provocan. Y en ello existe una responsabilidad del gobierno cuando no se obra con el rigor que corresponde

a la aplicación de las debidas sanciones que la ley de tránsito y las infracciones castigan a través de elevadas multas.

Si bien es cierto que el sistema normativo impide el secuestro del vehículo al infractor, también es cierto que el consejo deliberante debe sancionar multas suficientemente elevadas en sus montos para disuadir a los infractores, sobre todo cuando no se advierte un simple descuido, sino una conducta realizada con toda la intensión.

Con multas de montos adecuadamente elevados, el órgano municipal de faltas puede crear la herramienta, multa, para luego exigir su cobro compulsivo por la vía legal, llegando a embargar y rematar el vehículo cuando no se verifica el pago.

Todo ello determinaría que los infractores habrán de cuidarse y respetar las normas de tránsito en beneficio de si mismos y de muchos que en el futuro, de continuar esta ausencia de voluntad política en el actual gobierno, dadas las estadísticas sobre accidentes van a perder la vida o quedar inválidos.

Si el gobierno y nosotros como sociedad, tomamos conciencia del dolor y el sufrimiento que provoca la pérdida de una y tantas vidas, como para aplicar debidamente las normas de tránsito previniendo posibles accidentes podemos intentar solucionar en parte el grave problema de la seguridad que tenemos en el tránsito para beneficio de todos, en beneficio de toda nuestra comunidad".

Junta Promotora del PRO de la ciudad de Campana

Guillermo R. Uccella


 
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