Buenos Aires (Especial de NA) -- Los aplausos al término de los discursos presidenciales en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, en el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York o en la carpa montada en la ANSeS, son a primera vista el único denominador común de medidas con recepción tan dispar en el exterior como el pago al Club de París, la reapertura del canje de la deuda o la reestatización de los fondos de jubilaciones y pensiones.
Las dos primeras parecían dirigidas a que la Argentina volviera al sistema financiero y se convirtiera en destino de inversiones privadas y la tercera más bien tiende a contradecir a las anteriores porque desalienta a inversores.
Esta última incluso fue asociada a la reestatización de Aerolíneas Argentinas, que más allá del esfuerzo de ambos gobiernos, generan tensión en la relación bilateral con España. Sin embargo, lo que a primera vista parece una contradicción puede tener cierta lógica si se tiene en cuenta que el mercado de capitales al que se quería acceder no cubriría en lo inmediato las necesidades del país, por razones obvias.
Hay otro punteado que se ocupa de unir a París, Holdouts, Aerolíneas Argentinas y AFJP: todas fueron directrices tomadas luego de la derrota oficial por las retenciones móviles que motivó al Gobierno a buscar la manera de dominar la agenda política.
Por lo pronto, la Casa Rosada se ocupa de presentarlas desligadas y señala que el ordenamiento de sus compromisos no invalida tomar medidas de interés local como el vinculado a los fondos de las AFJP o a los vuelos de su línea de bandera.
Se apoya en razones lógicas: las administradoras no parecían un buen destino para el dinero de los contribuyentes y Aerolíneas funciona decididamente mal, además de haber perdido desde su privatización buena parte de su capital.
Pero con el paso de los días, cada anuncio debió ser reformulado. Así, el pago al Club de París de París ya no será al contado y la reapertura del canje parece también necesitar de una readecuación a la luz de los acontecimientos mundiales.
En sentido contrario, la estatización de Aerolíneas pareció empantanarse en las tasaciones opuestas presentadas por Marsans y el Estado argentino y la reformulación del sistema previsional espera turno y gran polémica en el Congreso.
Recepción
Pero su mensaje no suena coherente en el exterior, especialmente para el mundo financiero internacional –que no puede jactarse de la coherencia propia- tal como lo demuestran la reacción de las bolsas de la Argentina y Madrid al anuncio realizado esta semana sobre las AFJP.
La noticia generó rápidamente una avalancha de críticas de medios internacionales en las que se habla lisa y llanamente de robo, incautación o confiscación de fondos privados.
Los comunicadores extranjeros más liberales retomaron su pronóstico de que la Argentina va camino a otro default y que todas las medidas tienen vinculación con la imposibilidad de hacer frente a los compromisos de la deuda de 2009 en adelante. Exagerados o no, al menos no está claro si los anuncios forman parte de un plan, si salieron obligados por la coyuntura, o si son manotazos de ahogado ante un horizonte difícil.
Pese a ello, hay otra lectura de los hechos en buena parte del mundo. En las embajadas de Francia, Rusia y Brasil se ocuparon de destacar el buen clima de negocios con la Argentina y rescataron en todos los casos el incremento de la balanza comercial.
Esta semana llegará una importante comitiva de la principal matriz empresarial francesa (MEDEF) y el 4 de noviembre arribarán bien empresarios rusos. A principios de octubre estuvo el príncipe Felipe de Bélgica al frente de una misión empresarial.
Además, el propio embajador español bajó los decibeles de una pelea bilateral que existe por Aerolíneas y las consecuencias de la estatización de las administradoras.
Pero esta cuestión tampoco es un tema inédito en el lustro k. Aerolíneas es la séptima empresa que vuelve a manos del Estado con este gobierno, que ya había retomado el control del espacio radioeléctrico, el Correo Argentino, el ferrocarril San Martín, Yacimientos Carboníferos de Río Turbio, Aguas Argentinas y Tandanor. A estas se les suma ahora las AFJP.
El control estatal es volver a Perón y a las acciones que el fundador del justicialismo puso en marcha en 1945 al poner bajo la órbita oficial puertos, teléfonos, usinas eléctricas, servicios sanitarios, gas, transportes y seguros, entre otros.
Quizá, lo contradictorio es que Cristina Kirchner, desde que tocó la campana de inicio de operaciones bursátiles en 2006 junto al entonces presidente Kirchner -este año lo hizo en el Nasdaq- ha querido fundir esa doctrina con un acercamiento a los mercados, que decididamente no ha logrado cuajar.
La estatización de empresas es una ola que crece en América latina liderada por Hugo Chávez, quien puso bajo control oficial a las compañías de teléfonos, electricidad, cementeras, siderúrgicas (como Sidor que pertenecía a la argentina Techint), de alimentos, así como campos petrolíferos y tierras.
Es cierto también que el Gobierno no logró romper con esa asociación que suele realizarse desde el establishment de su gestión con las medidas que toman Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, todos ellos considerados líderes negativos. Parte de las turbulencias actuales también se deben a eso.
gprofiti@noticiasargentinas.com
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