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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/jul/2003 de La Auténtica Defensa.

EL PODER DE LA AMISTAD  
Por: NANCY GONZALEZ




"Decir amigo es decir vino, guitarra, trago y canción(...) y ayer y siempre lo tuyo es nuestro y lo mío es de los dos" J..M. Serrat

Corría el año 1968 y la carrera por la conquista del espacio llegaría en pocos meses a su punto culminante. Este vertiginoso ritmo por trasponer las fronteras de la tierra y llegar a los confines del universo, le imponía cada vez más acercarse hacia otros hombres de ideologías, credos o razas distintas. Este trabajo de los hombres unidos para conseguir la meta deseada, fue la fuente inspiradora de un argentino, Enrique L. Febbraro, Doctor en Odontología y Profesor de Historia y Ética, quien se sintió motivado a honrar este esfuerzo de la humanidad toda, ya que el hombre estaba construyendo una alianza sin fronteras y comenzaría a establecer vínculos de amistad entre los seres de la tierra y de otros planetas, en caso de encontrarlos. Trabajó en equipo, durante un año, enfatizando en la idea: "Mi amigo es mi maestro, mi discípulo y mi condiscípulo. Él me enseña, yo le enseño. Ambos aprendemos y juntos vamos recorriendo el camino de la vida, creciendo. Sólo el que te ama te ayuda a crecer". Fue así, que como corolario de su tarea instituyó al día 20 de Julio como "DIA INTERNACIONAL DEL AMIGO", en coincidencia con la llegada del hombre a la Luna.

Hace un año, por la temática de esta columna, les mencionaba que: "Según los especialistas la amistad es el mejor remedio contra la soledad y la depresión. Para cualquier etapa de nuestra vida, independientemente de la importancia o el tiempo que le dediquemos, se recomiendan no abandonar las relaciones ni quedarse aislado."

"Cuando además, una enfermedad aparece, la amistad ya no es un valor desinteresado. Sentirnos protegidos por los amigos, es tan necesario como el mejor de los medicamentos. La persona enferma, necesita como todos, que alguien a quien poder contar sus problemas, miedos, angustias. Necesitamos que nos animen, pero de forma sana, no como un cumplido, o por no afrontar o vivir la verdad de una enfermedad grave. Por esto, no teman la pérdida y abracen el hoy, disfrutando lo mejor que puedan, no solo por el amigo enfermo sino por ustedes mismos"

En esa ocasión, también les conté una anécdota personal, y a modo de tradición hoy voy a regalarles otra: Aproximadamente hace tres años, tras una recaída, que incluyó once días en terapia intensiva, mi situación física no era ni la sombra de lo que alguna vez había sido. No podía, por ejemplo, vestirme sola porque me fatigaba, como quien había corrido un kilómetro. Mi espíritu social, afrontaba como una muerte temprana, el no poder trasladarme. "Cualquier cosa antes de quedarme sin posibilidades de salir a la calle, aunque más no sea un rato" fue mi argumento, ante la mirada un tanto horrorizada de todos, ante mi pedido de una silla de ruedas. Era comprensible, "la silla" asusta, duele, te recuerda la limitación crudamente a uno y a los otros.

En un taxi, fuimos a retirar junto a una amiga llamada Paz, la silla de un comercio sobre Av. Libertador. Para aprovechar el día de sol, me la llevé puesta. Es necesario aclarar, que era la primera vez que mi amiga conducía una silla de ruedas. ¿Dónde vamos era la pregunta? Justo al frente había un lugar para comer, y decidimos ir. Fuimos hasta la esquina buscando la rampa, esperamos el semáforo y cruzamos. Al querer subir la vereda encontramos que la rampa estaba rota. Por falta de experiencia, y antes que pudiera advertirle, con todas sus fuerzas, Paz pegó el envión para pasar la rotura, lejos de superarla, la silla se clavó y yo salí despedida. Como mi problema, gracias a Dios, no es motor sino falta de fuerza y capacidad respiratoria, me apoye en una pierna y la palma de las manos y no me golpee. A Paz, le dio un ataque de risa, otro a mí, que a causa de ella no podía terminar de incorporarme. Una pareja que pasaba se asustó mucho, e intentaba ayudarme, mientras le lanzaban miradas de horror a Paz, que no dejaba de reírse. Obviamente, cuando vieron que yo estaba bien y tras desencajar la silla del bache, también se tentaron. Finalmente, fuimos a comer y dejando la silla de ruedas cerrada a un costado, me senté a la mesa. Al decidir retirarnos, mi amiga abrió la silla y unos jóvenes que estaban en una mesa cercana, me dijeron amablemente: "Te ayudamos". Yo, un poco por orgullo, pero sobre todo por realidad, le dijo: "No, esta bien, gracias". Me levante y me pase de silla, acomodando la mochila de oxigeno entre las piernas. Salimos. Ya en la vereda, Paz, me pega en la cabeza y dice: "No aprendés más, estaban re bien los pibes y vos, en vez de dejar que te alcen y te pasen de silla... ´no gracias´ ¡no te avivas más!" Concluyó, agregando otro golpe en la cabeza. Otra vez reír y reír. Decidimos volver al departamento "caminando". "Así practico" argumentó Paz, y nos hicimos 15 cuadras, donde nos metimos en todos los pozos, casi chocamos peatones, y la silla se quedó encajada en las vías de la Estación de Barrancas de Belgrano. Como corolario, en una equina de Av. Cabildo sin rampa, y ante mi temor y cansancio, dije: "Pará. Me bajo. Subís la silla a la vereda y me siento. Puedo hacerlo y una fatiga mínima, siempre va a ser mejor que si me rompo la nariz" Lo hice... con la reacción de sorpresa de los transeúntes, que me veían levantar de la silla, cuando hasta ese momento me miraban como si fuera el protagonista de "Mi pie izquierdo" y entonces, tras una mirada cómplice empezamos a gritar: "Milagro, milagro" mientras me subía otra vez y seguíamos nuestro paseo... como si nada.

Situaciones como esta, se repitieron con cada una de mis amigas. Marta, que para que paseara me llevó en silla desde el Barrio de Belgrano hasta aeroparque. Norma, que golpeó en los talones, a media concurrencia de la Feria del libro. Silvia, que testaruda argumentando "lleve en changuito a tres hijos, no voy a saber manejar esto" hacía fuerza, como una condenada.

¿Se dan cuenta? Este es el poder de la amistad. De una de las épocas más tristes y duras de mi vida, recuerdo primeramente estas cosas, sonriendo y sintiendo como el calor que emana el ama cuando está a salvo.

Pido a los que no nombro en esta nota, sepan disculpar la falta de espacio. A mis viejos amigos, a los nuevos, con los que la vida me continúa bendiciendo. A mis queridos conocidos. A todos a los que le debo sonrisas, protección pero sobre todo AMOR.

GRACIAS, FELIZ DÍA Y LOS QUIERO MUCHO, MUCHO, MUCHO... POR FAVOR, NO LO OLVIDEN.

nanalmendra@hotmail.com


 
P U B L I C I D A D






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