Buenos Aires (Especial de NA)- El año que terminó puede ser recordado como el del fin de un nuevo sueño argentino. Aquel de la recuperación económica medida en décadas, y de un proceso firme y definitivo de inclusión social.
El 2008 profundizó también el abismo entre una clase dirigente cada vez más alejada de los acuerdos mínimos imprescindibles, destinados a delinear los trazos gruesos de una Argentina para siempre.
Lejos, muy lejos, quedaron las apuestas presidenciales a un Pacto Social, primero, y un acuerdo por el Bicentenario, después.
Los intereses sectoriales quedaron muy por encima de cualquier posibilidad de entendimiento.
El matrimonio Kirchner ha desgranado en este último tramo del año una serie de medidas que deben tender a la recuperación del nivel de actividad y evitar una sangría en las fuentes de trabajo.
Y algún efecto en la confianza tuvo que haber tenido si se tiene en cuenta que la gente se abarrotó en comercios y shoppings, y los pedidos de autos y heladeras superaron las expectativas más optimistas.
Influyó, seguramente, la suma de ofertas y también la mentalidad del argentino cansado de crisis y de tratar de gastar lo menos posible, conducta que a la larga nadie sabe a quien beneficia.
Según los estrategas oficiales, esta ofensiva del Gobierno deberá ser una constante en el tiempo por venir frente a un claro objetivo político: el de mostrar una administración en movimiento y con capacidad de decisión
No sólo para evitar que el cimbronazo internacional siga pegando en la economía local, sino también para mostrar a
Cristina Kirchner como "garante" de la solidez de la economía.
En contraposición, el kirchnerismo quiere poner en la vereda de enfrente a una oposición como sinónimo de caos.
Más allá de esta estrategia que se puede denominar "yo, o el abismo", la oposición no ha podido, hasta el momento, mostrar claridad con vistas a las elecciones legislativas de octubre.
Todo el arco opositor se une en u punto y se separa en el otro.
Por ejemplo, en el radicalismo, le quieren abrir la puerta a Julio Cobos pero, justamente, su presidente, Gerardo Morales, es el que pone interminables condiciones.
Morales, a su vez, se acercó a la Coalición Cívica y a un sector del socialismo, y se encuentra alejado de su ex socio, Roberto Lavagna.
Cobos elogia a Lavagna, y también a la vicejefe del gobierno porteño Gabriela Micchetti.
El ex presidente Eduardo Duhalde volvió con más fuerza a la arena política y trabaja en el frente antikirchnerista, en el justicialismo disidente y con otras fuerzas después.
El caudillo bonaerense respalda a Felipe Solá, y también considera que se acerca el tiempo de Cobos.
Mantiene contactos con Mauricio Macri, pero hay varios del PRO que no quieren saben nada con ese justicialismo.
Todo demasiado confuso, algo que puede hacer presuponer un escenario ya conocido: habrá una lista del PJ oficial y otra del
Disidente, más un conglomerado opositor que comandará Elisa Carrió.
Falta que Mauricio Macri se decida a jugar el partido de primera división y, si lo hace, definir su equipo de jugadores. Cobos, que es el político con mejor imagen, tiene el problema de que no será candidato. A no ser que se anime a renunciar al cargo, paso que lo sacará de un lugar extraño, pero de privilegio, como el de ser vicepresidente de la Nación y a vez uno de los líderes opositores.
Los Kirchner se tomarán este fin de año unas vacaciones en El Calafate no sólo para descansar de un año realmente duro, sino también para repensar el 2009, cuando se deberá redefinir el nuevo mapa político de la Argentina.
La imagen del matrimonio no termina de levantar vuelo entre buen parte de la población, de acuerdo a como viene el día a día en las pocas encuestas que salen a la luz.
La notoria ausencia de ellas, en general encargadas por el Gobierno, da cuenta de números con escaso espíritu navideño para el oficialismo.
Cuando Cristina asumió hace poco más de un año, tras vencer en las elecciones presidenciales por cerca del 50 por ciento, pocos imaginaban 12 meses después semejante pérdida de aceptación popular.
El ruinoso conflicto con el campo y los efectos de la crisis internacional terminaron, sin dudas, de impactar en el ánimo de todos.
Ahora, el descanso servirá para calmar tensiones, que siempre llegan a errores, hasta en la política.
Veamos un ejemplo: Néstor Kirchner disparó, en su último discurso en el Teatro Argentino de La Plata, contra todos los críticos, en especial, contra algunos medios gráficos, y anticipó para 2009 el tratamiento de una Ley de Radiodifusión.
Luego, la Presidenta anunció rebaja de las retenciones de cereales, pero no a la soja, y esos mismos medios publicaron que el ex presidente se había opuesto en forma terminante a esta posibilidad, como otra forma de castigo a la dirigencia agraria.
De inmediato, el siempre crispado Alfredo de Angeli y su gente volvieron a cortar la ruta 14, una medida de fuerza que se interrumpió cuando un camión que se dirigía a Brasil rompió el piquete y por poco ocasiona una tragedia.
Kirchner pareció no entender aún que la Ley de Radiodifusiòn y el conflicto con el campo siempre fueron de la mano durante el 2008.
O acaso los tres meses de huelgas y movilizaciones de productores no contaron con el aval de los medios más grandes del país.
Sin duda, el año que está por ingresar traerá para el Gobierno un sinfín de desafíos políticos y económicos, y un test electoral clave que dejará sobre la mesa el grado de poder con que Cristina Kirchner gobernarà la segunda mitad de su gestión.
dcasal@noticiasargentinas.com
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Lejos, muy lejos, quedaron las apuestas presidenciales a un Pacto Social, primero, y un acuerdo por el Bicentenario, después.
Los intereses sectoriales quedaron muy por encima de cualquier posibilidad de entendimiento.
El ruinoso conflicto con el campo y los efectos de la crisis internacional terminaron, sin dudas, de impactar en el ánimo de todos.
Los Kirchner se tomarán unas vacaciones en El Calafate no sólo para descansar de un año realmente duro, sino para repensar el 2009, cuando se deberá redefinir el mapa político de la Argentina.



