Nada más cercano a las recetas neoliberales, sofocantes y antipopulares son las realidades actuales.
La República Argentina siempre se ha levantado a pesar de las más devastadoras plagas que sacudieron su esencia de Nación.
Remontarse a los saladeros de la provincia de Rivadavia que propiciaron el comienzo de la dependencia nacional al extranjero y al inicio de la deuda eterna, pasando por la arrasadora turba migratoria que como excelente mano de obra abaratada colmaron la necesidad del "señor" hasta estos tiempos. La historia se repite una y otra vez. Pero nosotros, los que estamos en el medio y la vemos pasar, parece que no somos capaces de contestar la insolencia oficial perpetua.
La Argentina es por definición un territorio históricamente dividido entre nosotros y ellos.
La historia puso su impronta entre unitarios y federales, entre conservadores y anarquistas, entre peronistas y gorilas, entre azules y colorados, entre los "extremistas" y los militares, entre la clase oportunista y la devenida a menos clase media…hoy.
Estamos parados entre la clase oportunista y la clase media venida a menos, donde el que piensa pierde y la identidad no es reservada.
Existe un abismo de realidades entre ambas donde sólo unos pocos esperan la renta mensual y otros muchos esperan el sueldo flaco laburando a destajo.
Pero lo peor es que la corrida hacia la derecha se vió favorecida para los que antes estaban del último lado. Los nuevos "ricos" ganaron el status de verdaderos argentinos salvadores e impolutos.
Políticas pergeñadas a mediano plazo fueron suficientes para que se concentre el poder y las divisas en "ellos", quienes impunemente no gobiernan, controlan celosamente que la maquinaria funcione a la perfección, dejando sus dividendos sin temor a la muerte de quienes fueron y son sus bases. La "doctrina" dice otra cosa.
La vanidad y la mentira son el eje del discurso permanente, pretendiendo subestimar el pensamiento de gente común que siempre cree, pero no sé si es tan así.
El argentino ve cómo sistemáticamente se le van las cosas de las manos, ve que lo logrado con el esfuerzo digno ahora puede pasar de mano en mano sin solución de continuidad.
Este es el tiempo de la incertidumbre más perversa jamás vista en el común de nosotros.
Creemos tener lo que sabemos que mañana nos quitarán, bajo estrategias legalmente inescrupulosas donde convergen los sistemas de apropiación infranqueables al ciudadano común.
La mentira de un crecimiento falaz, mediciones de corte burlón para la retórica de los bufones, mensajes prósperos de malhumor son el gran motivo de la desgracia argentina.
Que poco dista esta política popular que vino a instalarse para resarcir la política impopular de los 90, cuando en realidad son definitivamente la misma cosa. Eso genera desilusión, impotencia y frustración anticipada.
La realidad nos pone frente a los embates del acoso personal, moral y laboral.
Ajustes, tasas, despidos, hambre, in-salud, miseria, campo, sequía, impuestos, servicios "públicos" falsos, aún no pueden con nuestro país y su gente.
Seguimos recibiendo golpes bajos, y no hay manera de frenar tanta infamia que quiere curar los males con calefones y cocinas.
Debemos ser necesariamente partícipes del cambio absoluto.
Me veo aconsejando a mis hijos a delinquir para que puedan sobrevivir.
Me veo deseándoles, en un medio hostil donde los mínimos valores humanos se rifan y la categorización no existe, que Dios los ayude….
Me veo asistir a mis hijos en el hospital público donde sólo hay sueros, porque se usa como agua bendita.
Me veo subsidiando con mis impagables impuestos la inoperancia oficial mientras las vacas se mueren y momifican en medio de los surcos de una tierra desgarrada por la desidia.
Me veo queriendo gritar basta pero estoy afónico de tanto gritar basta…y nadie escucha.
Me veo suicidándome con la punta dorada del sol de mi bandera, la cual en cualquier momento, pasa a un grupo empresario y le cambia el color.
Es por todo esto que es necesario asumirnos argentinos y de una buena vez hacer valer nuestro derecho a vivir en paz, trabajando sin persecuciones, pagando acorde a nuestras posibilidades, retomar la alegría de vivir acá, donde nacimos, quizás respaldados por quienes tienen nuestra confianza pero lamentablemente, cuando llegan, pasan a estar más allá del bien y del mal.
Juan C. Roma
9-2-09



