Durante el encuentro anterior hablamos sobre el impacto de la contaminación en el agua, veíamos como la mano del hombre atenta contra la pureza y la cantidad de agua en el mundo.
Pero la lluvia de polvo que invadió parte de la ciudad el pasado martes 10 de febrero, nos lleva inevitablemente a centrarnos en eso; y la palabra contaminación toma aún más trascendencia , impacta sobre la atmósfera y casi sin darnos cuenta la incorporamos en nuestro organismo.
Hablar de contaminación atmosférica es hablar de la existencia en el ambiente de cualquier agente, sea físico, químico, biológico o bien de una combinación de varios, en lugares, formas y concentraciones tales que sean o puedan ser nocivos para la normal evolución de las especies.
Una definición perfecta y bien gráfica de esta palabras vivimos los campanenses el pasado martes. Una sustancia invadió parte de la ciudad y nos hizo recordar en donde estamos parados.
Desde la mitad de la mañana y por un buen tiempo un polvo blanco cayó sobre el centro campanense. Según los informes de la prensa, el catalítico de la refinería Esso había sufrido una rotura que lo llevaba a liberar indiscriminadamente al ambiente, Silicato de Aluminio.
Según la inevitable realidad, una muestra grosera de lo que pasa día a día y que por ser menos evidente nunca lo tenemos en cuenta.
Las consecuencias para los campanenses fueron varias, además del impacto en la atmósfera, agua y tierra, el silicato se coló por nuestras gargantas, generando aunque mas no sea, dolor de cabeza, sequedad en la boca y un olor extraño.
La solución al problema en alguna medida la tuvo la misma naturaleza, y la lluvia caída pasado el mediodía del martes, aunque seguramente muy ácida, ayudó a eliminar, al menos del aire, el silicato.
Mientras las autoridades competentes examinan el particulado para determinar que tan peligroso fue el escape, (según explicaron dependiendo del tamaño de la partícula el silicato puede ser toxico o no), se hace necesario pedir seriedad a las empresas.
Necesitamos que la responsabilidad social sea compromiso hacia dentro y no publicidades hacia fuera.
Pero también hace falta pedir rigidez en los controles y en el apego a las normas de seguridad industrial y de protección del medio ambiente.
Un susto, un daño irreparable y planteos por resolver, nos dejó la jornada del 10. Solo queda esperar que no suceda nuevamente nada parecido, sin olvidar que algo parecido pasa todos los días. Por eso comprometámoslos, cuidemos y hagamos cuidar lo que es nuestro.



