Buenos Aires (Especial de NA) -- La cruenta lucha entre el Gobierno y la dirigencia agraria está encapsulada en odios políticos y deja afuera al actor más importante, la sociedad en su conjunto, que anhela una solución en un momento de crisis incierta.
Fiel a su costumbre, el oficialismo apostó a tensar la cuerda y la Mesa de Enlace tampoco se quedó atrás al adquirir, como nunca, un claro perfil de oposición política cuando participó de una asamblea antikirchnerista en el Congreso.
La apuesta de máxima la dio la subterránea amenaza de nacionalizar el comercio de granos, ante la reticencia de los productores para liquidarla. Un total de de 5,5 millones de toneladas, según los últimos cálculos de la Bolsa de Comercio de Rosario.
El rumor fue instalado, en forma poco inocente, por el titular de la AFIP y ex de la ONCCA, Ricardo Echegaray, ante empresarios cerealeros.
"No sean... Si siguen sin liquidar los granos, vamos a terminar nacionalizando ese comercio", fue la frase que disparó, pero que no tuvo la lógica de amenaza de acero, según algún concurrente a ese encuentro del jueves pasado.
La piel irritada de toda la cadena del agro y de algunos medios de información llevó el tema a la categoría de sainete, y el Gobierno se dio cuenta que la verónica de Echegaray había causado el efecto deseado.
A partir de ahí, silencio de radio, hasta que la presidenta Cristina Kirchner brinde su discurso ante la Asamblea Legislativa al inaugurar el nuevo período de sesiones del Congreso.
Ahí sí, anunciará una medida más modesta en sus objetivos, el regreso de la Junta Nacional de Granos, un organismo que intervendrá en el mercado como comprador y vendedor y servirá para fijar precios testigos.
Algunos análisis, de tono más conspirativo, decían que, en realidad, el destinatario de este rumor no era el campo, sino las corporaciones norteamemericanas que operan en el sector, ya que circuló poco después de conocerse el esotérico informe la CIA que ubica al país al borde de un nuevo cataclismo económico.
El paper posiciona también al país en un virtual eje de los males económicos en el continente y forzó la inmediata queja de la Cancillería y el asombro de representantes del gobierno de Barack Obama.
Lo concreto que la decisión que tome debe ser rápida ya que, ante la sola versión de movimientos en el sector granario, se paralizaron las transacciones.
También se abren más dudas para la nueva reunión entre el Gobierno y la Mesa de Enlace que, a esta altura, ya nadie sabe si se llevará a cabo.
Contar los tantos
Los más optimistas del Gobierno consideran que el campo no tiene el apoyo de antes entre las bases, y que la guerra dialéctica pasa ahora, más que nada, por las apetencias políticas de los dirigentes.
Alimentaron esta idea, la escasa cantidad de ruralistas que había la semana pasada en la ciudad cordobesa de Leones y la arremetida solitaria de Alfredo De Angeli en un banco de Entre Ríos.
Y sobre todo, por la raquítica protesta durante la visita de la presidenta a la ciudad de Tres Arroyos, uno de los corazones trigueros y cuna de protesta en la provincia de Buenos Aires.
Quizá pueda corrobarlo, o no, el ex presidente Néstor Kirchner cuando la semana que viene viaje con Florencio Randazzo a Chivilcoy, de donde proviene el ministro del Interior.
De una u otra forma, el conflicto entre las dos partes se ha desnaturalizado, en el marco de un contexto que requería respuesta diferentes de ambas veredas.
En la Casa Rosada están convencidos también de que detrás del campo se esconden intereses que pujan por frenar la Ley de Radiodifusión que desde hace rato guarda en su escritorio el titular del Comfer, Gabriel Mariotto.
Es por ello que Cristina Kirchner apurará el trámite legislativo y el anuncio del envío del proyecto al Congreso será uno de los ejes centrales de su discurso en la Asamblea Legislativa.
Los tiempos apremian para la aprobación parlamentaria si se tiene en cuenta que el oficialismo cuenta ahora con una precaria minoría.
Demás está decir que si esta se profundiza, le será imposible su aprobación y, más aún, después de octubre donde, al parecer, perdería varias bancas y esa mayoría también.
La ley se llamará de Telecomunicaciones, ya que no solo alcanzará a los medios, sino a todo el espectro comunicacional.
En este marco, la normativa prevé una mayor competencia entre las empresas de medios y las de telecomunicaciones, que mueven intereses calculados en unos 25 mil millones de pesos. .
El submundo de la política
Mientras tanto, algunos movimientos políticos volvieron a dejar la sensación de un escenario patético, digno de un submundo. Ese fue el caso de la imagen del vicepresidente Julio Cobos, en Yapeyú, frente a granaderitos.
Fue porque el gobierno le negó la presencia de granaderos en el acto de conmemoración del nacimiento de San Martín.
La construcción de esa imagen sólo pudo haber partido de mentes de corto aliento intelectual, ya que fue de suma cero para todos.
Para el Gobierno porque con esta actitudes brinda signos de rencores y venganza, y hasta el propio Cobos queda en el terreno del absurdo en ese empobrecido escenario, a pesar de haber ganado la tapa de los diarios.
Algo similar pasará durante los próximos días, durante la Fiesta de la Vendimia, en Mendoza, cuyas imágenes oficiales serán monopolizadas por el canal estatal para evitar, precisamente, que las escenas se centralicen en el radical.
Otra decisión de tono menor y rayana con lo pueril, pero que a su vez resulta indigerible para los que abogan por una democracia madura.
Y nadie, absolutamente nadie en este sufrido país, merece actitudes de semejante mezquindad por parte de los políticos.
dcasal@noticiasargentinas.com
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Fiel a su costumbre, el Gobierno apostó a tensar la cuerda eny la Mesa de Enlace tampoco se quedó atrás al adquirir, como nunca, un claro perfil de oposición política, cuando participó de una asamblea antikirchnerista en el Congreso.
Los más optimistas del Gobierno consideran que el campo no tiene el apoyo de antes entre las bases, y que la guerra dialéctica pasa ahora, más que nada, por las apetencias polìticas de los dirigentes.
En la Casa Rosada están convencidos también que detrás del campo se esconde intereses que pujan por frenar la Ley de Radiodifusión, que desde hace rato tiene en su escritorio el titular del Comfer, Gabriel Mariotto.



