Sostengo desde siempre que no conozco otra forma de superación personal y social que a través de la educación sistemática y es por eso que los felicito por estar hoy aquí, felicito a los padres por confiar en la Escuela pública y enviar a sus hijos a ésta. Felicito a los colegas por elegir trabajar en esta escuela pública, gratuita y laica que durante años fue orgullo del continente. En una Argentina que en épocas de privatizaciones nos ha quitado muchísimo, hemos logrado mantener para nosotros estas escuelas, única herramienta para lograr la tan ansiada igualdad social.
Cuando pienso en el fin último de la educación coincido con los grandes pedagogos: Paulo Freire, Aníbal Ponce entre otros, que sostienen que la educación debe modelar personas con capacidad para la elección: los que podemos educarnos finalmente podremos elegir nuestro destino porque la educación nos permite ser libres. Si no tenemos educación ni siquiera nos podremos dar cuenta de que no tenemos libertad. Si logramos educarnos podremos redireccionar nuestro camino y ser forjadores auténticos de nuestro destino.
Muchos chicos creen que son libres porque poseen una serie de elementos como celulares o alguna marca de zapatillas o sostienen que escuchan la música que ellos eligen, sin embargo al analizar esa libertad comprobamos que no es cierta, no pueden escuchar otra cosa porque no conocen otra música, no pueden comprar otras cosas que los celulares porque no sabrían qué ya que el mercado les impone esas prácticas. Y es más, sería muy bueno que decidieran no comprar pero también el no consumo de bienes materiales resulta mal visto.
La falta de educación conduce inexorablemente hacia la falta de elección. Elegimos lo que nos obligan otros a elegir. Otros son los que nos impone nuestros gustos, el desarrollo de una estética que creemos propia. Sólo el conocimiento, el estudio, la lectura, el debate, la escuela, nos permitirá desarrollar un pensamiento propio que nos fortalecerá realmente para poder optar.
Y esta educación no es momentánea, no se consigue en un par de semanas de un día para el otro; lleva mucho tiempo; por lo menos, toda la vida.
En una época en la que observamos el desprecio por la palabra humana ya que la vemos utilizada para mentir, para encubrir, para engañar o para lograr impunidad, nosotros , en la escuela, la revalorizamos y reconocemos que la palabra no es un privilegio de algunos sino que es un derecho de todos. Todos tenemos voz para poder expresar nuestro pensamiento y aquí viene el rol de la educación en la escuela: estamos aquí para escuchar voces distintas que las propias y confrontar para que de esa confrontación y del debate cotidiano podamos conformar nuestras ideas y podamos construir un discurso propio, no para repetir y convertirnos en papagayos. La propuesta es que cada cual cree un discurso propio, cabal, trabajado a través de las lecciones de historia, de geografía, de matemáticas, de Educación Plástica...
Comprender las grandes leyes que rigen el comportamiento físico natural del mundo que nos rodea requiere fortalecer el pensamiento lógico- matemático-físico. Muchas veces los alumnos creen que el estudio de estas materias no tiene una aplicación concreta, ninguna utilidad y esto no es así ya que nada de lo que nos rodea podría haberse fabricado sin el desarrollo de esta línea de pensamiento.
Necesitamos jóvenes que puedan analizar el mundo en el que vivimos porque necesitamos transformar este mundo hoy lleno de injusticias y de exclusión, de sueldos indignos, de condiciones laborales muchas veces inhumanas. Necesitamos alumnos que repiensen la escala de valores que rige en la actualidad en donde vale más un muchacho que corre tras una pelota que el trabajo de un obrero que produce nuestro alimento cotidiano.
Y aquí tenemos otro tema: en la escuela los docentes no transferimos conocimiento sino que debemos acompañar a los jóvenes, crear las condiciones, las posibilidades para que los alumnos construyan y produzcan pensamientos críticos. El trabajo del docente se comprobará al observar el uso que el alumno realice con cada conocimiento impartido y tal vez no lo podamos evidenciar sino hasta que nuestros alumnos no sean adultos.
Para terminar: Jóvenes, confíen en el conocimiento que puedan adquirir en la escuela. Deseo fervientemente que su estancia en ésta al principio sea por obligación pero que luego reconozcan la necesidad de la Institución y concurran ya no por obligación sino por convicción; contentos, felices, alegres, confiados ya que el lugar de privilegio para los jóvenes debe ser la escuela.
Queremos a todos los jóvenes en la escuela, estudiando.
IRENE MAZO . DIRECTORA DE ESB Nº 7



