Hace algunos días hablábamos de la importancia de forestar las ciudades y sobre todo aquellas que centran su actividad económica en la radicación de industrias químicas y metalúrgicas.
Desde hace algunos años, se ha podido observar como creció la conciencia al respecto de la importancia de los árboles y su función en el ecosistema. El correcto aprovechamiento de los árboles representa, de todas maneras, una importante problemática ambiental que afecta la salud de las comunidades.
Gozar de un ambiente sano es un derecho constitucional y para lograrlo es fundamental implementar programas que tiendan a ese objetivo, por eso la forestación de las ciudades tiene que ser parte de un proyecto serio, integrador y sustentable.
Un proyecto de estas características debe plantearse como objetivos: transmitir los conocimientos básicos para el cuidado del arbolado y el medio ambiente y mantener el compromiso generado en la transmisión de esos conocimientos. Sin olvidar la valoración de la salud concebida como el estado resultante del equilibrio entre lo psicofísico, lo social y lo ambiental.
Algo para resaltar dentro de un proyecto de estas características, es el rol fundamental que deben tener los niños y jóvenes, como representantes de las nuevas generaciones que son quienes harán sustentable el proyecto en el tiempo. Teniendo en cuanta que en esa franja etárea se conforma buena parte de la subjetividad de una persona adulta, por lo que podría considerarse como una etapa ideal para la formación de ciudadanos comprometidos y con conocimientos que le permitan afrontar diversas situaciones con ideas propias y pensamiento critico.
Por todo esto, la finalidad que esta columna tiene hoy, esta direccionada a fomentar la implementación de proyectos de este tipo en donde se trabaje con el objetivo claro "Un árbol en cada cuadra de nuestra ciudad, totalmente desarrollado".
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