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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 21/mar/2009 de La Auténtica Defensa.

¿En qué se puede invertir durante una crisis internacional?
Por Jorge Cassinelli




Buenos Aires (Especial de NA)- Toda crisis abre siempre la posibilidad de cambios o modificaciones en el comportamiento de los mercados, sobre todo si su dimensión abarca el plano mundial.

En una situación como la actual, donde la globalización marca la diferencia frente a cualquier comparación que se realice con lo sucedido en otras épocas del mundo, la decisión de una inversión está beneficiada por la acción de la tecnología que abre las puertas para saber qué está ocurriendo, al instante, en cualquier lugar del planeta.

Estas condiciones son propicias para la inversión si se está dispuesto a correr riesgos, teniendo en cuenta el viejo adagio ‘que quien no arriesga, no gana’; y en un mundo tan convulsionado como el actual, quedarse quieto es morirse poco a poco.

En una Argentina como la de hoy, -que se encuentra aislada del mundo financiero, pero conectada con él tecnológicamente- la decisión se torna un poco más difícil aunque no imposible.

Sí, hay que destacar los plazos durante los que se quiere invertir y definir previamente cómo clasificarlos dentro del contexto argentino que difiere notablemente del resto del mundo, especialmente por la imprevisibilidad con que se comporta el Gobierno de nuestro país.

El corto plazo, en la Argentina, se mide en días o, a lo sumo, en semanas, mientras que el mediano no pasaría de un par de meses o de un trimestre si se considera como un hecho el adelantamiento de las elecciones para el mes de junio de este año.

De ahí en más, se abre el largo plazo que puede ser tan imprevisible como peligroso porque no se sabe qué podrá decidir el gobierno frente al resultado de los comicios anticipados.

En cualquier caso, habrá que moverse con rapidez por aquello de que: quien pega primero, pega dos veces.

El corto plazo abre expectativas inmediatas y el dólar estadounidense aparece como la inversión más segura porque el temor a una recesión mundial deja a la Argentina huérfana de cualquier apoyo por su aislamiento tras un default que aún subsiste por incumplimientos con el Club de París y los bonistas no ingresados en el canje de 2005.

Como nuestro país no es creíble en términos internacionales, la compra de dólares surge como más conveniente ante una aceleración de hecho en la depreciación del peso frente a la divisa verde.

Esa posibilidad se acrecienta si hablamos del largo plazo si los acontecimientos precipitaren una devaluación masiva del peso después de las elecciones de junio.

Aquí sí son creíbles las palabras de la Presidenta Cristina Kirchner cuando dijo que sería suicida enfrentar al pueblo con un largo proceso preelectoral en momentos en que el mundo se cae a pedazos y los pedazos se nos vienen encima.

Por eso, es que paradójicamente, el país que desató el caos financiero internacional, y ahora principal deudor del mundo (al final de la segunda guerra mundial era el primer acreedor), es el receptáculo de ingresos de fondos a través de la compra de sus Bonos del Tesoro (BT) y de un afianzamiento de su moneda frente a las principales del planeta.

Es que el Imperio Norteamericano, siempre pagó los intereses de sus BT y nunca cambió el dólar como su unidad monetaria, sin importar las modificaciones impuestas en su diseño a través del tiempo: un dólar de cien años atrás siempre es canjeable ‘uno a uno’ por un dólar de hoy.

Eso genera Cumplimiento y Confianza, algo que está ausente en la Argentina de hoy.

Junto al dólar, el oro aparece como una inversión más que segura en cualquiera de los diferentes plazos, sobre todo si se lo compra no más arriba de los 900 dólares la onza troy, o el equivalente a esa cotización para las monedas de oro como el águila norteamericana, la Libra Esterlina inglesa, el Mejicano de oro, o los lingotes grandes o pequeños del porteño Banco Ciudad, donde se asegura una ley de 999,9 puntos.

Los bonos de la deuda pública argentina son descartables para la formación de una cartera de inversión, salvo que se quiera vivir en medio de la angustia por la imprevisibilidad del gobierno actual.

También las tasas de interés porque están por detrás de la verdad estadística inflacionaria argentina, siempre mentida por los organismos oficiales.

En cambio, las acciones de empresas argentinas, aunque muy vapuleadas en el corto y mediano plazo, surgen como muy atractivas para quienes pueden esperar en términos de un año o dos. Es fundamental, no comprarlas con dinero que se puede necesitar en un término perentorio y tienen la ventaja de poseer la capacidad de haber sobrevivido a la catástrofe económica del 2002.

Los bancos pueden ser una posibilidad para el largo plazo por su solidez actual en la generación de su negocio primario o ganancia operativa.

Convendría, sí, tomar posición en los que estén menos expuestos a la tenencia de bonos argentinos.

Las empresas fuera del índice Merval no ofrecen gran liquidez; pero al estar en manos fuertes preservan de las caídas bruscas y tienen la ventaja de pagar dividendos en efectivo y en acciones porque poseen importantes reservas en sus balances, no distribuidas aún.

Pero, sin duda, las ligadas al petróleo como Tenaris, Petrobrás de Brasil (ordinarias y preferidas) o las de sus dos controladas argentinas, tienen la ventaja de su gran liquidez y de su fluctuación en relación con el precio del oro negro que, a través del tiempo, será alcista porque el mundo entero lo necesita para preservar su movimiento y subsistencia.


 
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