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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 23/may/2009 de La Auténtica Defensa.

La gobernabilidad y el sistema de Gobierno
por Gabriel Profiti




Buenos Aires (Especial de NA) – La debilidad de los gobiernos que son derrotados en elecciones de medio término, planteada ahora por Néstor Kirchner como parte de su estrategia electoral, reabrió el debate sobre la conveniencia de un cambio de sistema de gobierno en el país: del presidencialista a uno semipresidencialista o parlamentario.

Voces encumbradas como las de los ex presidentes Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde, o los jueces de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni y Carlos Fayt se expresaron a favor del cambio, pero otros actores consideran que una modificación de este estilo es inaplicable tanto en el país como en Latinoamérica.

Alfonsín dijo en una de sus notas periodísticas luego de dejar la Presidencia que una de sus incapacidades durante su gobierno fue no haber construido un poder político democrático que fuera más allá de los factores de poder.

"Pronto advertí que el obstáculo principal era la naturaleza del sistema institucional del país. El presidencialismo, en efecto, genera comportamientos contrarios a la necesaria conveniencia democrática; impulsa a la oposición a utilizar técnicas para la reconquista del poder que en definitiva conspiran contra la eficacia de la acción de gobierno".

Hasta que murió impulsó el sistema mixto. Una parte de esa idea la plasmó en 1994 cuando en la reforma de la Constitución que urdió junto al entonces presidente Carlos Menem creó la figura del jefe de Gabinete, pensada para delegar funciones e interactuar con el Congreso.

Ahora bien, qué es cada cosa. El sistema presidencialista es el más conocido por nosotros, rige en toda Latinoamérica y tiene su punto de mayor expresión en Estados Unidos. Se inscribe dentro de una drástica división de poderes.

En el sistema parlamentario la soberanía se deposita en el Parlamento y no existe una separación rígida entre éste y el gobierno. El Ejecutivo se divide en un jefe de Estado y uno de gobierno. El inglés y el italiano son dos variantes de este sistema: uno por que el jefe de Estado es un monarca y el otro un presidente, quien sin embargo no es elegido por el pueblo.

En el mixto o semipresidencialista el jefe de Estado es electo popularmente y comparte el Poder Ejecutivo con un jefe de gobierno designado por la mayoría del Poder Legislativo. Es el sistema francés, nacido de la ingobernabilidad derivada de la "partidocracia". El presidente puede ser supervisado pero no obstruido en sus funciones por el Parlamento.

El Debate

"Latinoamérica en los últimos 25 años no tiene golpes de Estado, a Dios gracias, pero ha tenido una veintena de presidencias interrumpidas, muchas violentamente, con muertos, etcétera", expuso Zaffaroni para defender la iniciativa en medio del debate por las candidaturas testimoniales.

Lo hizo justo en momentos en que Kirchner hablaba de los problemas que tendrá su esposa ante una oposición combativa en caso de perder la mayoría parlamentaria. Recordó, con acierto, lo sucedido con el fin de los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa.

En Kirchner esto no es nuevo. Poco antes de asumir la presidencia, en el libro Después del derrumbe proponía "incorporar a la agenda" el debate para superar la rigidez del presidencialismo en situaciones de crisis.

"De las veintidós democracias estables existentes en el mundo, tomando como parámetro aquellas que han durado cincuenta a presidencialismo," dijo Kirchner en aquel momento.

Volvemos a Alfonsín: "En un sistema parlamentario mixto, que es el que propiciamos, las soluciones, aunque lleguen a resultar traumáticas, no implican una lesión constitucional, porque las dificultades pueden superarse con la caída del primer ministro y de su gabinete, tanto por decisión del presidente como de la Cámara de Diputados".

La construcción de personalismos es otra de las críticas que se hacen al sistema. Es claro en Latinoamérica, donde hay una proliferación de reformas constitucionales para permitir las reelecciones de los presidentes.

El último caso es Brasil, donde el gobernante Partido de los Trabajadores impulsa la reelección de Luiz Inacio Da Silva, Lula, –ya la desechó- ante la falta de un sucesor con talla como para mantener el gobierno.

En Uruguay y Chile, Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet dejan el poder con porcentajes aceptables de popularidad, pero ante la imposibilidad de ser reelectos, sus partidos el Frente Amplio y la Concertación corren serios riesgos de perder el poder en las elecciones que se realizarán a fines de este año.

Uno de los cuadros intelectuales más lúcidos del kirchnerismo, el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, amplió el debate en diálogo con Noticias Argentinas.

"Estas son cuestiones hipercomplejas y no hay soluciones mágicas", dijo y agregó: "Ningún país presidencialista en el mundo jamás se transformó en parlamentario porque una vez que la población tiene el derecho de elegir directamente a su gobernante, es muy difícil explicarle que va a perderlo".

Aludió a los sistemas indirectos de votación que rigen en otras partes del mundo y que en la Argentina tuvieron expresión hasta 1989 cuando se elegían electores que luego designaban al presidente en el Colegio Electoral.

El licenciado en Ciencias Políticas, profesor universitario y autor de varios libros explicó que para ejercer el parlamentarismo se necesitan "partidos fuertes" y reveló que en países como Holanda, Bélgica o Israel "hay muchos cambios de gobierno" pero los nuevos tienden a ser similares a los precedentes con otro primer ministro.

Abal Medina, sin embargo, consideró al sistema semipresidencialista como una mejor opción al parlamentario, aunque también puso reparos por la idiosincracia de los latinoamericanos y por los sistemas de alianzas que pueden terminar defraudando al votante.


 
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