Buenos Aires (Especial de NA) -- El ingreso de la campaña electoral en su recta final, la que cuenta a la hora de las definiciones, no solamente crispa los ánimos de los políticos, sino que también incrementa la exposición mediática de los candidatos y somete a los ciudadanos a un sinfín de mensajes que aturden su definición.
Sin embargo, no es la cantidad de mensajes proselitistas lo que aflige a los potenciales votantes, sino su dudoso contenido, porque en poco más de dos semanas tendrán que adoptar una decisión en base a informaciones parciales, mucho más teñidas por objetivos políticos que apegadas a la realidad.
Por eso aparece como un gran interrogante la manera en que los casi 28 millones de argentinos en condiciones de sufragar van a decodificar la "mediatización de la política", que día tras día pone un ladrillo en la construcción del escenario que terminará de inaugurarse el domingo 28 por la noche.
En el principal distrito del país, la provincia de Buenos Aires, un repaso de las últimas dos semanas de la campaña refleja que para los medios de comunicación la elección está polarizada entre las versiones oficialista y disidente del PJ, cuyas figuras son Néstor Kirchner y Francisco De Narváez.
Pero los motivos de esta polarización no podrían considerarse transparentes: el principal de ellos alude a la imputación que un juez realiza sobre De Narváez en una causa por narcotráfico y a la sospecha generalizada de que el oficialismo podría estar digitando el accionar del magistrado.
A esto se suma la aparición y publicación de encuestas que ubican a Kirchner y a De Narváez peleando palmo a palmo la intención del voto de los bonaerenses y que relegan a un lejano tercer lugar al Acuerdo Cívico y Social, pese al efecto revitalizador que tuvo sobre el radicalismo la muerte de Raúl Alfonsín.
Ricardo Alfonsín, hijo del ex presidente y segundo candidato a diputado detrás de Margarita Stolbizer, salió entonces a denunciar que esas encuestas eran utilizadas como una herramienta más del proselitismo, aunque en verdad eso recién podría probarse una vez que se cuenten los votos.
Mientras tanto, la construcción periódica del nuevo escenario político que tendrá la Argentina después del domingo 28 continúa de forma incesante: el último ladrillo lo puso inesperadamente Julio Cobos, posando para la foto con De Narváez mientras le expresaba su solidaridad ante la "persecución judicial".
El vicepresidente, que se jugará en las elecciones de Mendoza una parte de su proyección política, logró así salir del segundo plano al que había quedado sometido a partir de su "dificultad institucional" para involucrarse de lleno en una campaña electoral contra el Gobierno del que aún forma parte.
Los asesores de los líderes políticos -sean argentinos o extranjeros, de alcance local, nacional, regional o global- suelen planificar en base a una receta básica: el primer paso es la instalación del candidato y la difusión de su mensaje; el segundo y definitivo es la interpretación del mismo.
Muchas veces esa interpretación es forzada por un coro de voces que parten del entorno del candidato, pero lo que realmente importa es la decodificación que termina realizando el ciudadano común, elaborando una suerte de síntesis en medio de la catarata de mensajes y las interpretaciones amañadas.
Por eso el enfrentamiento entre el Gobierno y De Narváez -con el juez Faggionato Márquez como una suerte de bisagra entre ambos- dispara muchas interpretaciones, sobre la base de un interrogante central: ¿quién saldrá mejor parado de la contienda judicial y verbal, en términos políticos y electorales?
Muchos sostienen que será el candidato del PJ disidente, porque la gente tenderá a creer que está siendo víctima de un operativo oficialista típico de las campañas sucias. Otros, en cambio, manifiestan sus dudas y advierten que De Narváez no está siendo lo suficientemente claro al dar sus explicaciones.
Como sea, la situación lleva a un camino en el que la "polarización mediática" del PJ oficial y el disidente se hace inevitable, aplicando estrictamente los valores periodísticos básicos para construir una noticia.
Habrá que ver, dentro de dos semanas y media, si esa polarización tiene sustento real o si, por el contrario, la decodificación de los ciudadanos tendrá en cuenta elementos que van más allá de la mediatización de la política.
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