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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 12/jul/2009 de La Auténtica Defensa.

No quedaba otra
Por Pepe Eliaschev




Buenos Aires (Especial para NA) -- Más allá del ruido y de las promesas, lo incuestionable son los hechos. Cálculos privados y oficiales demuestran que durante el primer semestre del año el Tesoro Nacional succionó de dependencias estatales el equivalente a 7.800 millones de dólares, incluyendo 21.000 millones de pesos de la ANSeS, el Banco Nación, los fondos fiduciarios y el PAMI, a lo que debe sumársele 9.000 millones por anticipos y ganancias del Banco Central.

El día de las elecciones en las que el Gobierno padeció una impresionante paliza política, la presidenta Cristina Kirchner ya había gastado el 83 por ciento del presupuesto anual destinado al programa de viviendas populares, el 70 por ciento de un fondo para pavimentar y alumbrar calles, y otras obras municipales, y el 60 por ciento de lo reservado para Vialidad Nacional.

Según el implacable y minucioso monitoreo del especialista Alcadio Oña, en todos estos casos, el grueso del dinero concedido por Julio de Vido fue a la provincia de Buenos Aires. Oña asegura que en el primer semestre del año le dieron al gobierno de Daniel Scioli el presupuesto entero de Vialidad, casi 80 por ciento de su cupo anual para viviendas, e incluso un 23 por ciento más del total previsto para obras comunales.

En un país donde ya son por lo menos 100 los muertos por la Gripe A, el presupuesto anual del Ministerio de Salud había gastado sólo el 36 por ciento de lo que tenía asignado. Tras la derrota electoral, la Casa Rosada asignó 1.000 millones de pesos para combatir la pandemia.

Al campo no le fue mejor en este lúgubre primer semestre electoral: del total de 4.176 millones de pesos destinados a subsidios a la producción agropecuaria, al 28 de junio, si bien estaban comprometidos 1.454 millones, el Gobierno, sólo se habían pagado 154 millones.

Éste es el panorama presupuestario de Amado Boudou, el nuevo ministro de Economía, que puso fin a la triste parábola de Carlos Fernández. Desde que Néstor Kirchner echó en 2005 a Roberto Lavagna, los nombramientos presidenciales en la materia han sido patéticos, incluyendo a Felisa Miceli, Miguel Peirano y Martín Lousteau. El predecesor de Boudou fue el último de ese cuarteto de irrelevancias con que se trató, vanamente, de suplantar a Lavagna.

El problema es que el Gobierno predica posturas ideológicas por una parte, y propicia o produce exactamente lo contrario en el ángulo opuesto. El caso de la soja es un ejemplo colosal, tras haber sido satanizada, estigmatizada, ninguneada y ridículamente menospreciada por el Gobierno.

En la próxima campaña, del 65 al 70 por ciento del área a sembrar en la Argentina estará reservada a este cultivo. El poroto de soja ocupará, de acuerdo a estimaciones iniciales, unos 19 millones de hectáreas, sobre un total de 29,5 millones que ofrece el campo argentino, aunque no se descarta que la siembra de soja pueda ser todavía superior a ese cálculo.

Los cereales se derrumban y la superficie sembrada caerá un 22 por ciento. Éste es el resultado de la ideologización kirchnerista, que dejó su secuela desastrosa en 2008. El trigo viene golpeado por la sequía y sólo 2,8 millones de hectáreas se sembrarán con este cereal, un feroz 38 por ciento menos que en la campaña anterior. El maíz se derrumbará un 13 por ciento, ocupando solo 2,1 millones de hectáreas.

Los números reflejan cabalmente el resultado de las retenciones aumentadas por los Kirchner para "defender la mesa de los argentinos". También patentizan el deterioro provocado por los organismos del Gobierno como la ONCCA y la Secretaría de Comercio Interior, en manos de Guillermo Moreno hasta anoche, que manipularon toscamente los mercados trigueros y maiceros.

Paradoja para el plexo ideológico de la política oficial: gracias a la mejor cosecha de soja pronosticada, es previsible un fuerte aumento de los ingresos argentinos por exportaciones agrícolas, que de 17.162 millones de dólares en 2009, irían a 27.915 millones en 2010. De esta cifra, el "yuyo" despreciado por Cristina Kirchner y los intelectuales progresistas que la avalan, 87 por ciento provendrá de lo facturado en soja.

Es que así ha funcionado la economía K mientras pudieron hacerlo sin oposición fehaciente. Un caso emblemático es el de Aerolíneas Argentinas, virtualmente "ocupada" por el sindicato de pilotos que ha manejado a la empresa de modo casi unilateral desde que Marsans fue apartada del gerenciamiento, aunque los españoles siguen siendo los dueños legales.

La empresa cuenta ahora en sus filas con la enormidad de 837 pilotos y el reemplazo de Julio Alak por Mariano Recalde al frente no permite abrigar demasiadas expectativas. El reinado de los pilotos, encarnado en la omnipresencia de Jorge Pérez Tamayo, fue de la mano del imperio de Ricardo Jaime, el primer decapitado por los Kirchner tras el domingo negro del 28 de junio.

De esos 837 pilotos, algo revelado y no desmentido, solo 150 fueron contratados en febrero, lo que aumenta la característica de AA como empresa obesa e ineficiente en un mercado global cada vez más minucioso en materia de costos y productividad. Las cabinas de los aviones grandes de Aerolíneas Argentinas son ocupadas por cuatro pilotos por vuelo, cuando la norma internacional es de dos o, a lo sumo, tres.

Tiene la Argentina una especial idea de la responsabilidad. Un ejemplo obsceno del atraso nacional se reveló en las elecciones del 28/6.

Se presentaron en la Capital Federal un total de 28 listas aparentemente diferentes. Pícaros magistrales, un grupo se las ingenió para inventar un negocio pintoresco. De esas 28, nada menos que siete llevaban la misma lista de candidatos a legislador de la ciudad, encabezada por Alfredo Enrique Reto.

Los siete "partidos" en total fueron votados por 15.157 ciudadanos y recibieron del Estado un total de 575.423 pesos, a razón de 37 pesos por cada uno de esos votos. El más minúsculo de estos siete quioscos políticos bajo la férula de Reto, denominado Idear, recaudó 1.035 votos y recibió 99.690 pesos del Estado, a razón de 81,32 pesos por votos, un "curro" fenomenal.

Si Cristina Kirchner habla en serio, estas pequeñas enormidades deberían terminar para las elecciones de 2001, aun cuando ahora mismo desnudan la indigencia nacional.


 
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