Si hay algo que los seres humanos no podemos evitar es el de nacer en una familia. Y de algo vamos a estar siempre seguros que antes que nada somos hijos. Hasta el día de la fecha pueda gustarnos o no ninguno de nosotros ha nacido de gajo. Lo que para algunos puede ser un espacio hermoso donde la seguridad es aquello que prima.
Para otros que no han sido tocados con la varita de la fortuna lejos de ser un espacio acogedor, es un ámbito del que hay que recuperase. Sean mas sencillas o más difíciles las relaciones familiares son sumamente intensas; y como decía mi abuela en todas las casas se cuecen habas.
Uno puede comprender que para aquellos bienaventurados de ser parte de una familia contenedora les cueste renunciar a abandonar aquello tan calido. Pero cuantas veces personas que han sufrido experiencias desgarradoras les cuesta tanto desprenderse. Ya sea desde la fantasía, o desde la construcción de una familia similar, por no decir idéntica. Cambiando lugares y nombres, pero en esencia recreando la misma escena.
Queramos o no todos estamos atravesados por los cimbronazos intensos que provocan las familias.
Nos marcan, aunque tranquilas en apariencia, son sumamente intensas. Desde un punto de vista estas experiencias y aprendizajes que hemos adquirido a lo largo de nuestra infancia son las que se van transformando y a lo que podríamos llamar construcción de la realidad.
Lo transmitido en el seno familiar nos da seguridad, los grandes saben… Y son creencias que no se ponen en tela de juicio así nomás.
Por más que aquello muchas veces juegue en contra de uno mismo, es lo conocido. Este saber, provoca un estado de calma y de satisfacción de lo que es muy difícil despegar. Y los cambios provocan muchos desajustes.
Cuando pienso en estas maneras de mantener el equilibrio, me recuerda a un juego que solía jugar de chico que consistía en poner una pierna en cada bote y el desafío era mantener el equilibrio y no caerse al agua. A veces uno lo lograba y era divertido mantenerse estático ante tanto las olas.
Como juego, entretenido pero cuando eso se intenta en la vida y todas las fuerzas están al servicio de que nada se mueva uno se puede sentir bien, pero no se avanza. Sin duda el ponerse a pensar acerca de uno mismo, de aquello aprendido es difícil, pero es lo que da la posibilidad de dejar los botecitos y agarrar el timón de un barco y salir a navegar. La decisión esta en uno.
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