Nuestra historia tuvo su esplendor en el comienzo. Se dice que el pueblo fue su creador.
Los efebos de la Grecia inmortal, juraban dejar a su patria mucho más grande, de la que encontraron al nacer.
El virreinato de 1770, y luego las invasiones inglesas, (1806-1807), retrasaron el espíritu libertario de los hombres de Mayo.
La revolución de 1810, digna aspiración de nuestro pueblo, nos trajo su emancipación, en el orden político y económico, dando nacimiento a hombres de la talla de Mariano Moreno, joven inmortal, de genio rebelde, numen de esta jornada, cuyo paso por la acción pública, a la vez intenso y tan breve, fue como el hachazo profundo que entra en el árbol de madera dura; acompañado por otros célebres que formaron la Primera Junta de Gobierno constituida por una pléyade de próceres de nuestra patria heroica...
El general San Martín, llamado Padre de la Patria; las damas mendocinas que asistieron en el momento de su partida para liberar a Chile, estaban adornadas de sus ausentes joyas, las que habían empeñado para sufragar aquella atrevida expedición del gran Capitán de los Andes y su Ejército.
El general Manuel Belgrano, creador de nuestra bandera, símbolo de nuestra patria, otro prócer que supo exhibir sus blasones con humildad, como todos nuestros próceres; murió en la pobreza.
Domingo Faustino Sarmiento, fue el criollo que desafió a la Pampa enigmática y grandiosa. También fue a Chile con su pluma, polemizó con Juan Bautista Alberdi. Un ilustre presidente argentino, Nicolás Avellaneda al colocar la piedra fundamental de una escuela primaria, pronunció, estas hondas y sencillas palabras: "nunca hemos estado más cerca del porvenir que en este momento".
Juan Bautista Alberdi, joven tucumano de basta cultura; deleitaba a las distinguidas damas porteñas por sus valses y no por su Bases, como pianista de refinado gusto. Bernardino Rivadavia, al ejercer la presidencia del país, intentó aplicar un sistema de arrendamiento de tierras del Estado, llamada enfiteusis, contrato que tiene su precedente en el antiguo derecho romano basándose en la concesión del dominio público, hechos por el Estado a quienes mediante el pago de un canon o renta se les otorgaba el pleno goce de la tierra, pudiendo transmitir a sus sucesores. También se derivan a los arrendatarios a largo plazo que podían llegar hasta cien años.
Pero desgraciadamente, surgió la desmedida ambición de los hombres; a mi modesto juicio, "patrioteros", que no trabajaban las tierras, sino las arrendaban a terceros por su cuenta, provocando la repartija de grandes extensiones, dando nacimiento a una casta de terratenientes. Indudablemente las ideas de Rivadavia quedaron frustradas.
Luego los caudillos irrumpieron en nuestra historia con ímpetu y audacia. Fueron Estanislao López, Francisco Ramírez, Ausebio Ereñú, Bernabe Araos y otros, Facundo Quiroga quien fue muerto dos veces, primero por un criminal y luego por el plumazo de Sarmiento.
El único que no peleaba era Martín Miguel de Güemes; su lucha no era contra sus hermanos argentinos, sino contra el invasor español, "solamente" por la Patria, con sus gauchos perseguían al enemigo; vadeando ríos, escalando montañas, como si fueran centauros de la muerte, cantándoles vidalas a la libertad, montados en briosos corceles, luchaban con la muerte en las mismas puertas de la gloria, por que les dijeron que detrás de la muerte, mora la gloria, por eso fueron respetados y queridos. ¡Soldados de la Patria velan sus tumbas y si despiertan, diles que la Patria los admira! Como el soldado gaucho de la leyenda; decía que para luchar por la Patria nosotros tres: yo, mi lanza y mi zaino pangaré; estirpe de nuestra raza, humilde y valerosa que supo escribir nuestra historia, con letra de sangre y que no morirá jamás mientras exista un argentino bien nacido.
Hoy nuestra Patria está humillada y empobrecida por "honorables" políticos; los que recibieron hace poco la cachetada moral de los cartoneros de la Capital, quienes hicieron llegar a los niños de Tucumán, su modesta ayuda; gesto que no sabrán reconocer los dueños de las 29 medallas de oro otorgadas por ellos mismos.
Canallas y déspotas con cara de piedra lejos, muy lejos del ejemplo de ética, moral y civismo de hombres notables de la Patria Heroica que me honro en citar en este artículo.
(*) El autor es integrante del Taller - Escuela Mariano Moreno, de Periodismo y Comunicación.



