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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 11/sep/2009 de La Auténtica Defensa.

Días agitados, con urgencias y despidos




La Plata (Especial para NA) -- Néstor Kirchner es el general de un ejército que acaba de sufrir una derrota estratégica. Pero aún así, es un líder que se rehusa a entregar las armas. Conserva, aún con algunas deserciones en su tropa, un poder de fuego importante, que le alcanza para recuperar fracciones que se habían mostrado díscolas tras aquél traspié de hace poco más de dos meses.

Esa artillería le permite además mantenerse a flote y encarar ofensivas, todavía, con final incierto. "Pero tiene capacidad y pertrechos para hacer un enorme daño", definía en las horas agitadas de los últimos días un dirigente bonaerense que lo conoce bien.

Daniel Scioli acaba de sentir en carne propia una de esas embestidas disciplinadoras del ex presidente. Sus decisiones postelectorales de marcar cierta diferenciación con la política del gobierno nacional en relación al campo y exhibir algunos gestos -reuniones mediante- con dirigentes del peronismo que no disimulan un sonoro antikirchnerismo, parecen al menos haber entrado en un paréntesis.

"Nosotros hablamos con todos, pero somos parte del proyecto nacional", es la explicación que se enarbola desde la Gobernación que, parece, no alcanzó a convencer a Kirchner.

El ex presidente es un dirigente que no está dispuesto, en su incipiente proyecto por suceder en la Casa Rosada a su esposa, a tolerar ningún atisbo de insurrección. Tampoco soportará desafíos a las políticas oficiales, mucho menos si provienen de la conducción de la principal provincia del país.

En ese renglón habría que anotar el despido del ministro de Asuntos Agrarios Emilio Monzó, un funcionario bonaerense que nunca ocultó su sintonía con el campo y sus reclamos. Scioli, según se supo, habría esquivado no menos de tres veces los reclamos de Kirchner para echarlo del gabinete. Pero hay otras cuestiones que hacen a la gobernabilidad de la Provincia que el mandatario terminó priorizando para finalmente producir el despido de su ministro campero y mostrar un nuevo alineamiento irrestricto con el kirchnerismo.

LA CUESTION FINANCIERA

La situación financiera de la Provincia desvela a la gestión de Scioli. Su creciente déficit y sus enormes dificultades para poder cerrar el año -el ministro de Economía ventiló que le faltan 2.500 millones de pesos para poder pagar sueldos-, ponen en jaque la gobernabilidad. Y la solución -el parche, en rigor-, sigue estando en manos del gobierno nacional.

La Rosada le mostró los dientes al Gobernador cuando hizo transpirar a todo el gabinete hace unos días. Casi sobre el filo del plazo para pagar sueldos, llegaron los 240 millones que permitieron a la Provincia -ingeniería financiera mediante-, evitar un cronograma desdoblado de pago de salarios, lo que hubiera desatado un conflicto sindical de proporciones.

En medio de una negociación compleja con Nación en procura de tomar deuda para financiar gastos corrientes -se necesita la reforma de la ley de Responsabilidad Financiera que también empujan otros gobernadores en apremios-, la administración provincial se quedó con escaso margen de maniobra para resistir la nueva ofensiva política sobre el ministro de Asuntos Agrarios.

No sería el de la sempiterna carencia de fondos la única razón para explicar el despido de Monzó. Hay quienes aconsejan en reparar en algunos movimientos del propio ex funcionario que habrían terminado de convencer a Scioli.

En algunos despachos de calle 6 le cuestionan a Monzó no haber utilizado su sintonía con la dirigencia del campo para al menos morigerar las durísimas críticas que le dispensó al Gobernador el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, a quien trató de "felpudo" del kirchnerismo.

También anotan algunas movidas que habría ensayado el ex ministro en la Legislatura con algunos de sus viejos conocidos -hay que recordar que el ex funcionario provincial fue nada menos que presidente de la Comisión de Presupuesto en Diputados-, en procura de evitar que la reforma impositiva que impulsa el Ejecutivo alcanzara a los sectores agropecuarios.

De una u otra forma, el episodio volvió a ubicar a Scioli en medio de la vereda kirchnerista. Así lo atestigua además la elección del reemplazante de Monzó: Ariel Franetovich es un soldado del ministro del Interior, Florencio Randazzo. Pero además, es un dirigente de los considerados "duros" con el campo.

En su distrito mantuvo fuertes encontronazos con la dirigencia rural por su defensa a las política oficiales en relación al sector. Y apenas designado, redobló la apuesta: dijo que si no se puede dialogar con las entidades del agro lo hará directamente con los productores.

CANDIDATOS Y PROBLEMAS

En sintonía con aquella ofensiva kirchnerista sobre uno de los ministros de Scioli también se colaron ciertos anticipos para el turno electoral que viene.

El sciolismo ha dejado de mencionar a su jefe como "presidenciable" para machacar ahora con la idea de la reelección, un proyecto que por algunos meses fue archivado al calor de los comicios de junio y que ahora reflotó al compás de la intención de Kirchner de volver por la Presidencia. Es otro de los gestos de realineamiento del mandatario con el esquema oficial.

Pero todas estas movidas políticas podrían pasarle alguna factura al Gobernador. En las últimas semanas algunos de sus ministros mantuvieron diversos contactos con legisladores de la oposición en busca de garantizar el pase sin mayores sobresaltos por las dos cámaras de algunos proyectos clave como el reforma tributaria y el Presupuesto 2010.

La decisión oficial rebobinar y volver al cerco K ya generó las primeras reacciones: los diputados que responden a Felipe Solá, en buena sintonía con Scioli, salieron a cuestionar el despido de Monzó.

En el Ejecutivo provincial conocen que la nueva realidad quizá pueda cambiar algunas conversaciones que estaban en marcha. Por eso por estas horas se apuran definiciones sobre algunos legisladores oficialistas que terminan el mandato el 10 de diciembre y que deben levantar la mano para aprobar aquellas iniciativas. La idea es asegurar "continuidad" en el Ejecutivo y en eso ya trabajan los operadores políticos de Scioli.


 
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