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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 27/sep/2009 de La Auténtica Defensa.

Los ejes de la prosperidad
Por Sebastian Abella y Sergio Roses




 

La prosperidad, lejos de constituir una aspiración netamente materialista, constituye un objetivo menos tangible pero más profundo: lo contrario de la prosperidad es la pobreza y es está la que destruye la fe, las aspiraciones y la felicidad de la gente. Como señalan Michael Fairbanks y el Premio Nobel de Economía Gary Becker existe una literatura muy rica explicando la alta correlación existente entre altos niveles de ingresos y actitudes positivas hacia la autoridad, la tolerancia, el apoyo a las libertades civiles, relaciones positivas con los subordinados, autoestima, disposición a participar en acciones de voluntariado y actividades políticas, confianza en el prójimo y, en general, satisfacción con la vida misma (Véase Michael Fairbanks en "Culture Matters", Basic Books, 2000; y Gary Becker, "The economic approach to human behavior", The University of Chicago Press, 1976).

La prosperidad puede ser vista como un flujo o como stock. En tanto flujo, refleja el nivel de ingresos o poder de compra que nos permite acceder a los bienes y servicios que nos interesan. Es nuestra calidad de vida. Por otro lado, la prosperidad en tanto stock es el ambiente que facilita la mejora de los niveles de productividad necesarios para asegurar un buen "flujo" a futuro. El premio Nobel Amartya Sen sostiene que la ventaja de ver a la prosperidad como stock reside en que nos da una idea del potencial productivo de una nación (Véase Amartya Sen, "Development as Freedom", Anchor books, 1999). El stock de prosperidad o, en otros términos, el potencial económico de la nación puede definirse, según Michael Fairbanks, en función de siete tipos de stocks (los últimos cuatro representan lo que solemos denominar "capital social"):

1. Recursos naturales como geografía, riquezas del subsuelo, bosques, costas y climas.

2. Recursos financieros de la Nación como ahorros y reservas internacionales.

3. Infraestructura, como caminos, puentes, edificios y telecomunicaciones.

4. Capital Institucional, como la protección legal de la propiedad privada (tangible o intangible), una burocracia estatal eficiente, y un sector empresario privado vigoroso que compensa y entrena adecuadamente a sus empleados.

5. Acervo de conocimientos, como patentamientos internacionales, y universidades y "think tanks".

6. Capital Humano (habilidades, oficios, etc.).

7. Capital Cultural, que incluye no sólo las manifestaciones tradicionales de la cultura como la música, las artes, etc., sino también las actitudes y los valores que se relacionan con la innovación.

Como podemos observar, es factible afirmar que Argentina ha estado bien dotada de los siete elementos en sus años de progreso. En la actualidad, como producto de las crisis externas e internas por las que hemos atravesado, muchos de estos "stocks" están seriamente dañados. El trabajo de reconstrucción que los argentinos tenemos por delante requiere que trabajemos en estos ejes desde nuestra sociedad civil y de todos los niveles de gobierno, orientando las políticas públicas y los esfuerzos privados con una noción clara de los factores que hacen a la prosperidad de largo plazo.


 
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