Nació en tierra que no era santa, entre cartones y ollas populares. Una carpa fue su techo, compartió con animales su lecho.
Bajaron a visitarlo de todas partes, desde el norte en largas caravanas como serpientes de fuego.
María los cobijó con lienzos del color del cielo. José, que era joven, les cantó nanas de bombos legüeros.
El honor y la justicia, fueron su estrella guía.
Dos reyes trajeron incienso; el pueblo, que fue Baltazar, izó sus banderas al viento.
Herodes ordenó matar al resto de los inocentes; los niños de entonces, ya habían muerto de hambre. Nacieron en una nación de vasijas de oro, pero con líderes de corazones de barro.
El pueblo lucha, resiste, aguanta: sabe que cada palo que recibe duele. Los lobos están pendientes de los corderos, no sea cosa que dejen de comerse el pasto.
Aún tienen esperanza, la lucha siempre fue necesaria, son los que se van, los que se quedan, los de Exodo, los de esa tierra dentro de la tierra, los de la Patria Prometida.
Charly Snaider



