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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 29/nov/2009 de La Auténtica Defensa.

Cara o Ceca:
El cristal con que se mira
Por Lic. Patricia Katz




Hace unos días en una reunión de amigas me comentaban acerca de la enorme dificultad que tenían para entender la realidad de modo cristalino, de cómo se sentían llenas de ideas previas, de juicios de valor y de lo difícil de ver con "los ojos del alma" lo que se les iba presentando ante sí.

Rápidamente respondí que tolerar las diferencias, aceptar al distinto es una tarea difícil. Que escuchar sin prejuicios requiere de un ejercicio de reflexión que no se logra de una vez para siempre, sino que requiere de un trabajo permanente de elaboración. La perseverancia y la humildad para aceptar que tenemos contradicciones, qué esas ideas preconcebidas son parte de cada uno. Y que no se trata de negarlas sino de aceptarlas, trabajarlas en uno y decidir que hacer con ellas son pasos para una resolución.

El trabajo en el consultorio nos da ejemplos sobrados de que el interrogarse para intentar comprender es un camino posible para vivir mejor.

Por eso cuando encontré esta historia me pareció un buen ejercicio para acercarnos, siempre es más fácil ver en el otro lo que no podemos ver en nosotros:

"En un pueblo había un hombre que dedicaba su tiempo a ayudar a los demás. Pero ocurre que ese hombre, que siempre vestía con una capa larga hasta los tobillos, llevaba debajo de esa prenda una enorme joroba.

Su aspecto era bello pero aquella joroba lo transformaba en un ser deforme y casi toda la gente del lugar se burlaba de él, le palmeaban la giba entre risotadas y no lo tenían en cuenta para nada a pesar de que él tenía en cuenta a todos y a cada uno, preocupándose y ayudándolos.

Algunos, si estaban de malhumor le arrojaban piedras porque no les gustaba tener cerca a alguien a quien veían como una especie de monstruo.

"Por algo será, que recibe ese castigo. Por supuesto, desconocían si existía ese "algo" al que hacían mención.

El hombre de la joroba, mientras tanto, bajaba la cabeza y jamás respondía a ninguna de las agresiones o los desprecios. Seguía yendo de un lado a otro del pueblo, bamboleando en cada paso el gran bulto que llevaba en su espalda, y ofreciéndose para lo que desearan.

Un chico, solamente uno de los chicos del pueblo, lo trataba con respeto, le sonreía, hablaba con él y lo tomaba de la mano para acompañarlo en sus recorridas.

Un día, la gente del pueblo pareció ponerse de acuerdo para despertar de pésimo humor; discutían entre ellos por pequeñeces, se empujaban, mirándose con mala cara. De repente apareció, como siempre el hombre de la capa y la joroba. Eso sólo les faltaba a los iracundos habitantes del lugar: El hombre de la joroba fue de inmediato el blanco elegido por todos.

De las agresiones verbales, que fueron creciendo cada vez más y con mayor crueldad, pasaron casi enseguida al ataque físico. Tiraron algunas piedras, al principio. Luego, con esa ira que es más ciega cuando es de muchos, comenzaron a armarse con palos y algunas herramientas y lo cercaron.

Rodeándolo, se disponían ya a atacarlo cuando el chico se abrió paso entre todos y se puso junto a su amigo jorobado. Hubo un instante de duda.

Y fue entonces que el niño les hablo y les dijo:

"No pueden tocarlo. Gracias a él muchas desgracias que pudieron ocurrir en nuestro pueblo no ocurrieron, muchos enemigos se amigaron, muchas familias siguen unidas, muchos hombres conservan sus trabajos y muchas mujeres a sus hijos. Nos trajo el bien y ustedes eligen ahora pagarle con el mal y él no puede hacer nada para evitarlo... Nunca me dijo quién es, pero yo lo sé..."

Y, dicho esto, tomó la capa del deforme y la arrancó de un tirón.

En ese momento quedaron al descubierto dos bellas y luminosas alas a las que todos, hasta entonces, habían confundido con una joroba.

El ángel besó al niño en la frente y se fue en silencio, sin un reproche, caminando en medio de los hombres del pueblo que se abrían a su paso estupefactos, dejando caer sus armas y más de una lágrima, aún los más rudos..."

Para comentarios y sugerencias escribir a: caraoceca@hotmail.com


 
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