Soy drogadicto.
Pido perdón.
Ya es tarde.
Estoy en una cama de hospital y creo, por el llanto de mis padres, que moriré pronto.
Tal vez tenga SIDA. No me lo dicen, pero me doy cuenta de que no hay esperanzas.
Me duele el pecho. Sufro mucho. Casi no duermo.
A veces grito y veo a mi alrededor que todos miran y no hacen nada.
¿Qué pasa? ¿No me escuchan o no hay calmantes para este dolor?
Pienso en mi abuela, en sus caricias. Si ella estuviera a mi lado... pero no está. Y mis amigos tampoco.
Sólo mis padres, agotados en su propio sufrimiento, no pueden sentir el mío.
Aunque ya no tengo fuerzas me han atado a la cama.
Estoy débil como un anciano y apenas tengo veinte años.
Recuerdo cuando alguien se me acercó diciéndome:
¿Querés volar? Yo acepté, pero les juro, ¡no sabía!
¡Era un niño de sólo trece años!
Luego no pude dejar la droga.
Pedí, robé, lastimé para poder conseguirla.
Y firmé un contrato con la muerte. Pero ella aún no me quiere.
Me tiene en este hospital, sufriendo.
Muriendo de a poco... , perdónenme, por favor.
Pancho Aquino.-
Escritor y poeta argentino



