El alto potencial de nuestro país no ha tenido relación con su desempeño económico y social. En los últimos tiempos se ha generado suficiente consenso respecto al rol de la baja calidad institucional en esa declinación. Existe suficiente evidencia de que las naciones con mejores indicadores institucionales son las que más progresan, porque someten a sus ciudadanos a una serie de reglas comunes, que junto a su cumplimiento sistemático otorgan previsibilidad en todos los campos de la vida de un país. Como las instituciones están hechas por personas; nuestro problema institucional tiene un alto correlato con la calidad de nuestro liderazgo: el argentino medio es mejor que el promedio de sus dirigentes. Para corregir este desvió y reencausar el curso del país es imprescindible que los argentinos ejerzamos nuestros derechos como ciudadanos participando en la vida cívica. Esto se puede hacer a través de distintos vehículos: un partido político, una organización sin fines de lucro (sociedades de fomentos, organizaciones de filantropía, etc.), cooperadoras escolares, instituciones religiosas, sindicatos y cámaras empresarias, por citar sólo algunos ejemplos. También se puede hacer a distinto nivel: nacional, provincial o local. No importa tanto el vehículo elegido como el acto de participar que implica llevar a esas organizaciones los valores que forman parte de esa gran mayoría silenciosa que trabaja o estudia, que respeta al prójimo y ansía progresar en paz y en base a su esfuerzo. El cambio va de arriba hacia abajo y viceversa.
En materia institucional, creemos que existen fuerzas internas (como un cierto aprendizaje democrático) y externas (como la estabilidad político-institucional de los países vecinos) que operan a favor de la recuperación de cierta normalidad. Sin embargo, la sustentabilidad de largo plazo se vincula con suplir nuestro déficit de ciudadanía, especialmente en el ejercicio de nuestros derechos políticos. La baja participación ciudadana en política (clientelismo excluido) se explica porque se trata de una actividad desprestigiada. A ello se suman barreras de diverso tipo que inhiben la entrada de actores nuevos, entre los que encontramos las prácticas del sistema que queremos cambiar, como la difamación sin causa, la tergiversación de la realidad, la agresividad verbal y hasta, en el límite, física. Muchas veces detrás de esas malas prácticas se esconden los anticuerpos de un sistema que se resiste al cambio. Al respecto consideramos que la mejor forma de fortalecer el cambio es hacer política construyendo, proponiendo, y trabajando con la gente en la identificación de los problemas y la generación de soluciones. Ese es el camino que empezamos este año con el apoyo de muchos vecinos y es la senda de la que no nos podrán sacar. Sentimos que formamos parte de un proyecto de gran alcance (local, provincial y nacional) y tenemos una política de puertas abiertas para todos los que quieran formar parte del grupo que va a cambiar la Argentina. Con este renovado optimismo deseamos a todos los vecinos de Campana una feliz navidad, en la esperanza que la paz de espíritu que traen estás fiestas nos acompañe todo 2010.



