Los Kirchner parecen no entender la máxima del líder de su movimiento, el General Juan Perón: "la única verdad es la realidad". El matrimonio gobernante cree, en cambio, que la verdad puede disfrazarse de la misma forma que han disfrazado las estadísticas del INDEC. Sin embargo, la realidad a la larga siempre se impone. Los problemas económicos están adquiriendo niveles preocupantes y su correlato social es, cuanto menos, delicado. La Iglesia que tiene contacto directo con miles de feligreses en todo el país tiene un termómetro mejor que cualquier estadística disfrazada. Por caso, la inflación es la más alta desde 2002 y eso se siente en la canasta básica a pesar de la cosmética que se hace al índice de precios. Estos niveles de inflación están arrojando por día miles de argentinos abajo de las líneas de pobreza e indigencia. En paralelo el consumo sigue un patrón errático, desconcertante para el observador desprevenido.
Cómo explicar que baja el consumo en productos comestibles mientras que existe un boom en ventas de electrodomésticos y niveles aceptables en el patentamiento de nuevos vehículos? Una parte de la respuesta está en que cierta clase media a pesar de sentir el efecto erosivo de la inflación aún tiene algo de margen para aprovechar las ventajosas ofertas de LCDs y laptops que las casas de electrodomésticos pueden ofrecer gracias al financiamiento de la ANSES (es decir, el organismo que administra los fondos para pagar las jubilaciones actuales y futuras de los argentinos). En este contexto, la ANSES, viene financiando al gobierno y evidentemente ya no puede girarle más fondos, porque de lo contrario no sería necesario afectar las reservas del Banco Central (BCRA) al pago de la deuda. Vale aclararlo, esta deuda es, a su vez, la deuda remanente luego del default y de una de las quitas a los acreedores más grandes de la historia económica. En buen resumen: el dinero ya no alcanza para seguir viviendo como estábamos viviendo. Los economistas profesionales no se atreven a dar cifras del problema porque no tienen información pública confiable, pero la realidad del desmanejo económico afecta a los argentinos de todas formas.
Esta es la economía de Kirchner. No es un modelo económico, es una política del parche, de tapar un agujero y luego otro y otro. Cuando los ingresos llueven por las retenciones a exportaciones de materias primas, entonces la técnica del parche funciona (obviamente incubando problemas a futuro, pero se disimula a corto plazo). Pero cuando los ingresos bajan, nada es suficiente. Ya no son suficientes los fondos de las ex AFJPs, de la ANSES y, en cualquier momento no van a alcanzar ni las reservas del Banco Central. Estamos llegando al punto donde no se va a poder continuar con los parches, que no es otra forma que intentar tapar el cielo con las manos. No hay soluciones mágicas para tantos descalabros; por eso los tiempos que vienen van a requerir de la dirigencia (política, empresarial y social) capacidad de diálogo y consenso.
Se necesita una nueva política. Se necesitan nuevos actores. Es imperioso cambiar la lógica de la competencia electoral para que el populismo (decir y hacer lo que agrada, a sabiendas de que no soluciona un problema o que lo agrava) deje de replicarse en una dinámica que nos ha llevado al retroceso; en una mayor cuota que las ideologías. Esto se soluciona con una renovación dirigencial que preserve lo bueno de lo viejo y que incorpore nuevos dirigentes que aporten esa capacidad de diálogo y consenso que nos ha estado faltando, con un pensamiento variado que enriquezca la democracia, pero con una actitud constructiva centrada en el bien común.



