En la columna de hoy, me propongo acercarles una reseña sobre el libro "Inteligencia y simbolización" de editorial Paidós. Su autora, Silvia Bleichmar, obtuvo su doctorado en Psicoanálisis en la Universidad de París VII, profesora de grado y postgrado de la Facultad de Psicología (UBA), ha desplegado una vasta tarea como docente en universidades nacionales y extranjeras; como investigadora y escritora. Sus libros han sido traducidos a diversos idiomas y han tenido gran impacto en el campo intelectual.
Específicamente, en el texto "Inteligencia y simbolización" la enseñanza o la transmisión ocupan un lugar fundamental en el pensamiento psicoanalítico.
Todo analista, teórico o pensador de la disciplina se enfrenta a la cuestión según su formación, su pertenencia y la modalidad propia de su carácter. Así, la escritura, las clases, los grupos de estudio y los seminarios son los instrumentos a la mano de los cuales cada uno hace uso. La enseñanza parece haber sido, para Silvia Bleichmar, un espacio privilegiado, propio y único en el cual supo establecer una especie de juego de pensamiento y creación al que no renunció jamás por su propia voluntad.
Este curso, que forma parte de un conjunto de seminarios dictados entre los años 1996 y 2007, aborda la cuestión de la simbolización, el pensamiento y la inteligencia. Por supuesto, se trata de una perspectiva psicoanalítica, aunque, como lo aclara desde el comienzo la autora, contempla los aportes de otros terrenos de pensamiento, como la psicología genética, la semiótica, la psicología cognitiva y la filosofía.
El lector encontrará en este curso -como en la totalidad de la obra de Silvia Bleichmar- la constante preocupación por la clínica, pero de una clínica revisitada hasta sus últimas consecuencias, en sus soportes metapsicológicos y en sus vertientes psicopatológicas, en la incesante búsqueda de retomar los conceptos, reconstruirlos y volverlos a poner a funcionar para responder siempre y cada vez al sufrimiento humano, ese sufrimiento al que estaba absolutamente atenta como terapeuta y como intelectual. Y al que, como tal, no dejó de dar respuesta desde todas las posibilidades que tuvo a mano: la práctica, la teoría, la difusión y la formación.
Ana Carolina Erregarena
Licenciada en Letras (UBA, 1999)
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