La semana que pasó deja una nueva escalada del gobierno en su estrategia de confrontación y agresión verbal y física contra la oposición. Primero fueron los ataques en la Feria del Libro (un ámbito que debería ser pacífico) a Hilda Molina y al periodista Gustavo Noriega en la presentación de sus respectivos libros; en el primer caso relatando su experiencia de vida en la Cuba totalitaria de Castro y en el segundo contando la historia del desmantelamiento del INDEC.
Uno puede o no de estar de acuerdo con quién piensa distinto pero no dejarlo hablar es símbolo de la poca vocación democrática del oficialismo; máxime cuando punteros de Guillermo Moreno fueron vistos en los disturbios y cuando el Jefe de Gabinete Anibal Fernández en lugar de condenar los hechos los justifica.
Lo acontecido en la Feria tuvo luego una máxima escalada en la agresión a periodistas perpetrada por Hebe de Bonafini, que "casualmente" monta un acto en Plaza de Mayo para "juzgar" a los periodistas que según ella "callaron" en la época de la dictadura.
Es muy triste como argentinos ver como una noble causa (la lucha por restaurar las libertades cívicas en nuestro país, en parte representada en el imaginario colectivo por la organización que la sra. Bonafini lidera) puede verse empañada por su uso funcional a un gobierno de turno en su arremetida, casualmente, contra uno de los sectores (el periodismo) que mejor refleja la recuperación de esas libertades.
El oficialismo no tiene límites. Es saludable en este contexto que varios líderes, como ahora el gobernador Mario Das Neves, comiencen a manifestar matices distintos dentro del Partido Justicialista; sumándose al pelotón integrado por Felipe Solá, Carlos Reutemann y Francisco De Narváez, entre otros.
Es hora de tender puentes hacía muchos gobernadores e intendentes que no están de acuerdo con los Kirchner pero que, en muchos casos, tienen miedo de mostrar que piensan distinto porque ello puede afectar los ingresos de provincias y municipios.
En la medida que pierdan ese miedo, asumiendo su rol de lideres antes que de meros administradores, van a darles mayor libertad a sus legisladores y ello va a contribuir a limitar aún más el poder de un gobierno nacional cada vez más totalitario y agresivo.Hoy la oposición está muy fragmentada porque la gente voto por ello, pero la multiplicidad de consensos alcanzados es algo inédito en la política argentina y no deja de ser el rasgo más positivo de todo este complicado escenario.
Tal vez la dirigencia política se esté dando cuenta de que, como suele decir Federico Pinedo, el camino de la racionalidad y las políticas de Estado pasa por el "extremo centro".



