La escuela no es un mero lugar de enseñanza, sino un centro de vida, en el que se desarrolla el cerebro y la personalidad formada que está en íntima relación con la del individuo por formar.
El docente además de enseñar, de trabajar en equipo, de capacitarse, narrar, debatir, confrontar ideas, de construir vínculos, de tener en cuenta la tensión por la responsabilidad de tener chicos a cargo, el peso de la antigüedad en la tarea y el desgaste, conversar y escuchar, se debe alimentar con nuevos saberes y por sobre todas las cosas estar en contacto permanente con los queridos amigos "los libros".
En reunión mantenida en el Palacio Pizzurno, la Directora de la BNM Lic. Graciela Perrone dio la apertura al encuentro y explicó como evoluciona el cerebro. Todos sus colaboradores estaban muy atentos al interesantísimo tema.
Las nuevas observaciones que se desprenden de la evidencia proveniente de casos de estudio sobre la maduración del cerebro adolescente a través de imágenes por radiofrecuencia, dan a luz a una serie de datos muy interesantes que refuerzan la dedicación e innovación que requieren los ambientes de aprendizaje en la escuela secundaria.
Es que aparentemente los procesos de selección y poda de neuronas que ocurren en la primera infancia -las que se ejercitan se quedan, las que no, se pierden- también se darían durante la maduración de un adolescente, generando una dinámica de cambio que nos tienta a impulsar la necesidad de que los padres, maestros y adolescentes sean conscientes de la posibilidad de su nutrición cognitiva y emocional en un progresivo continuo hasta llegar a la juventud, atento a las observaciones y evidencias que se vienen constatando en dichos estudios. Si bien todavía hay que ahondar en los resultados de las investigaciones y particularizar las generalizaciones manifestadas en informes y publicaciones académicas neurocientistas, se cree que la experiencia ganada en el desarrollo inicial pueda tener alta relevancia sobre la potestad de los genes en la maduración posterior del cerebro.
Si bien existe una nueva ola de reproducción de materia gris -neuronas y sinapsis- en la pubertad debido a la aparición de las hormonas sexuales, también existen cambios estructurales de este tipo en otras áreas del cerebro que ocurren mucho más tarde en la adolescencia y que nos cuentan que ésta es una época de cambio neurobiológico y emocional crucial y sustancial. En la literatura reciente hay acuerdo que en este período etario se incrementa la conectividad así como la integración y armonización de las diferentes funciones cerebrales, se cambian los sistemas de recompensa y el equilibrio entre la actividad de los lóbulos frontales (razón) y las funciones límbicas (impulso), aumenta la tendencia al riesgo y a la búsqueda de sensaciones, entre otros. Esta movida intelectual y emocional hace que éstos cambios, inmersos en la intensa plasticidad que se da en el cerebro, marquen a este periodo del desarrollo humano como lleno de riegos y oportunidades.
La evidencia de maduración e incremento de neuronas y sinapsis en las áreas pre-frontales (detrás de la frente), en la adolescencia, nos moviliza ya que se dice que esta área actúa como el director general del cerebro y que desarrolla las funciones ejecutivas de controlar, planear y organizar, además de fortalecer la memoria activa, modelar estados de ánimo, mejorar el razonamiento y controlar los impulsos.
Las descripciones de los cambios estructurales que aparecen dinámicos en este período todavía no tienen suficiente evidencia para predecir con certeza desde donde surge su funcionalidad y, por ende, los comportamientos que de ellos se desprenden. Mientras se continúan y profundizan las observaciones y estudios en distintos centros de investigación en el mundo para corroborar la posible generalización de los hallazgos, las observaciones en cuestión nos traen a la mente tantos temas de discusión sobre la problemática actual de la educación y maduración de los jóvenes ( autoestima, droga, alcoholismo, violencia, velocidad, deserción escolar) y el diseño de estrategias integrales para abordarlos mientras los chicos están en la escuela.
Más allá de las implicancias sobre la aplicación directa de estos hallazgos en políticas y acciones concretas: hay que celebrar que la plasticidad cerebral y su dinamismo para el cambio se extiendan a períodos que traspasan la primera infancia, donde todo el cerebro bulle hasta su casi definición final. Por lo cual, el crecimiento que acontece en la adolescencia y aún más allá debe generar la toma de conciencia de su conocimiento y la atención necesaria de expertos, padres y docentes para trabajar en los hogares y en las escuelas con los que atraviesan esta difícil edad realzando las oportunidades de mejora, y permitiendo que los impulsos y las sensaciones se transformen en energía creadora.
Oborski de Cianchetta Sonia Amalia.



