El número de personas, que durante un período más o menos largo padece trastornos del sueño, es muy grande. No menos grande, es el consumo de somníferos. Al igual que la comida y el sexo, el sueño es una necesidad instintiva del ser humano. Pasamos en este estado una tercera parte de nuestra vida. Un lugar seguro, abrigado, cómodo donde dormir es de capital importancia para el hombre y para el animal. Por cansado que esté un animal una persona, recorrerá un buen trecho con tal de encontrar una buena cama. Las perturbaciones del sueño las combatimos con gran inquietud y la falta de sueño la siente el individuo como una de las mayores amenazas. Un buen descanso suele estar asociado a muchas costumbres: una cama determinada, una postura determinada, una hora determinada, etc. La ruptura de esa costumbre puede perturbarnos el sueño.
El sueño es un fenómeno curioso. Todos podemos dormir sin haber aprendido, pero no sabemos cómo. Pasamos una tercera parte de nuestra vida en este estado pero no sabemos nada de él. Deseamos dormir y, sin embargo, con frecuencia, percibimos una amenaza que nos llega del mundo del sueño. Tratamos de desechar estos temores restando importancia al tema, por ejemplo: "Sólo ha sido un sueño" o "Vano como un sueño", pero, si hemos de ser sinceros, reconocemos que en el sueño experimentamos y vivimos con la misma sensación de realidad que en la vigilia.
Quien medite sobre este tema, tal vez saque la conclusión de que el mundo de la vigilia es también ilusión, sueño como el sueño nocturno y que ambos mundos sólo existen en nuestra mente.
De dónde sale la idea de que nuestra vida, la que hacemos durante el día es más real o mas auténtica que la de los sueños? Quién nos autoriza a poner un sólo delante de la palabra sueño? Cada experiencia de la mente es igual de verdadera, no importa que la llamemos realidad, sueño o fantasía. Puede ser un buen ejercicio mental invertir la óptica habitual de la vida y el sueño e imaginar que el sueño es nuestra verdadera vida, ininterrumpida a intervalos regulares por períodos de vigilia. (...).
Cada vez que nos dormimos ensayamos la muerte. El sueño nos exige soltar todos los controles, toda meditación, toda actividad. El sueño nos exige entrega y confianza, abandonarnos a lo desconocido. No se puede concicliar el sueño a la fuerza, con un acto de voluntad. No hay como querer dormir a toda costa para no poder pegar ojo. Nosotros no podemos sino crear las condiciones favorables pero a partir de ahí tenemos que aguardar con paciencia y confianza que el sueño venga. Apenas nos está permitido observar el proceso; la observación nos impediría dormir.
Todo lo que el sueño (y la muerte) exigen de nosotros no pertenece precisamente a los puntos fuertes del ser humano. Todos estamos muy anclados en el polo de la actividad, estamos muy orgullosos de nuestras obras, dependemos mucho de nuestro rígido control como para que el abandono, la confianza y la pasividad sean formas de comportamiento familiares. Por la tanto nadie debe asombrarse que el insomnio, (junto al dolor de cabeza) sea uno de los trastornos más frecuentes de nuestra civilización. (...).
El que sufre de insomnio -mejor dicho: de dificultad para conciliar el sueño- tiene dificultades y miedo de soltar el control conciente y abandonarse a su inconciente. El individuo actual apenas hace una pausa entre el día y la noche, sino que lleva consigo a la zona del sueño todos sus pensamientos y actividades. Prolongamos el dia durante la noche y pretendemos analizar el lado nocturno de nuestra alma con los métodos de la conciencia diurna. Falta la pausa de la conmutación conciente.
El insomne debe aprender ante todo a terminar el día conscientemente para poder entregarse por completo a la noche y a sus leyes. También debe aprender a preocuparse de las zonas de su inconsciente, para averiguar de dónde procede la ansiedad. El insome carece de confianza y de capacidad de entrega. El se considera "activo" y no puede abandonarse.
En que medida dependo del poder, el control, el intelecto y la observación?
Soy capaz de desasirme?
Están desarrolladas en mi la capacidad de entrega y la confianza?
Me preocupo del lado nocturno de mi alma?
Cuánto temo a la muerte? He meditado sobre ella lo suficiente?
(de "La enfermedad como Camino" Dethlefsen y Dahlke)



