Hoy vi LA AUTÉNTICA DEFENSA, versión digital desde Bahía Blanca. El homenaje, mejor, reconocimiento a Ismael en la Municipalidad, por el Concejo Deliberante. Qué alegría verlos a todos juntos con el viejo. Imaginaba su emoción, satisfacción, conmoción por todo lo que habrá pasado por su cabeza en esos momentos. Y el impacto en su corazón.
Tengo una impresión ambivalente (cuando no) sobre los homenajes en vida. Por un lado creo que felizmente se adelantan, para que el destinatario disfrute del tributo de su gente. Eso que tanto deseó, persiguió o intuyó en lo más íntimo. Sin buscarlo. Por propia reflexión. Y a un momento de la vida que puede resultar más estimulante que el oxígeno mismo.
Por otro lado, he dudado porque al no tener perspectiva histórica, esas celebraciones pueden ser generadas por manipulaciones políticas de la época.
En el caso de Ismael siento que por muchas razones, indudablemente se hizo justicia. Para expresar un argumento simple, creo que es un ícono de Campana. Sin mayores análisis, creo que es parte indisoluble con su historia.
En mi caso, que no sólo hace mucho que estoy ausente sino que siempre he sido un escéptico social crónico, guardo pequeños recuerdos entrañables de Ismael Garzón. Que seguramente ni imaginará que alguien distante los guarde: su renombre entre las jóvenes amigas de Dorila,(mi mamá) su bohemia curiosa y admirada en aquellas épocas, su relación con Raúl Rusell, un amigo de nuestra familia con quien daban vida a los corsos irrepetibles de los ´50. Su voz inconfundible desde los altoparlantes de un autito que recorría el pueblo anunciando espectáculos, y luego animando los desfiles "cívico militares" en que participé en mis años escolares. Y siempre creciendo, conductor de actos protocolares de todo tipo y nivel.
Recuerdo su espíritu emprendedor: el empresario cinematográfico que lideró con sus amigos la posibilidad que Campana tuviera tres cines de primer nivel para la época (y que tanto disfrutamos), su Kaiser Carabella merecido y admirado, su aventura del "Pregón" que renovó el periodismo local, su vocación no sólo por el periodismo sino más allá, por las letras, y más: por la docencia. Enseñar generosamente todo lo que estuviera a su alcance.
Mucho más recuerdo…
No soy quien para calificar su nivel intelectual. Ni importa. Lo que vive en mí es su valor como persona que cruzó generaciones dejando su huella.
Transmitanle mi saludo de todo corazón.
Amílcar Larrañaga



