Sr. director de La Autentica Defensa
Agradeceré la publicación de esta nota
Tenía 8 ò 9 años, y siendo alumno de la escuela Nº 1, fui invitado junto con mi hermano y otros chicos humildes a realizar un viaje con una colonia de vacaciones a Miramar. Ese fue algo hermoso. Se concretaba uno de mis sueños más grandes cuando era niño. Hacer un viaje largo en tren. Si, en tren. Para mi era como hoy ver un plato volador. Estábamos junto a otros chicos a los que a algunos conocía, y observábamos ansiosos la llegada del convoy. La curva que da a la barrera de la calle Berutti marcaba el trazado por donde llegaba alumbrando como si fuera una estrella. Era emocionante. Esta emoción duro todo el viaje. De ida y de vuelta. Nunca olvidare este episodio.
Hace unos días circunstancialmente ingrese a la estación y me diò pena el ver el estado en que se encontraba. Sucia, peldaños que mostraban inexorablemente el paso de los años por su desgaste, andenes sin mantenimiento, baños con rejas. Faltaban los relojes de los dos andenes. Esos relojes eran el objeto más mirado como consecuencia de la informalidad de los trenes que muchas veces no cumplían con el horario que exponían los transparentes. Hoy esos transparentes no están. Los reemplazan unos papeles pegados en la pared que solo indican horario de salida y llegada. Mi viejo era no vidente y era muy perceptivo de lo que le decían sus amigos, y su comentario cuando hacia a la ocasión era que "la estación de Campana es la más linda del ramal del Mitre". Y todavía, hay que hacer trasbordo en V. Ballester? Durante quince años nos han llenado la cabeza con la idea de las privatizaciones. Que representaban el progreso y la entrada al primer mundo. Hay que ver como quedaron los pueblitos del interior del país a los que no llegan más los trenes. Perdidos como en una historia de García Márquez. ¿Es posible concebir un país donde no existe el ferrocarril que lleve hasta el confín de la patria? Imaginemos un cuerpo humano sin esqueleto. Se derrumbaría sin remedio. Esto es lo que nos ha pasado en estos últimos años. El país se ha derrumbado. Y de tal manera que se va ser difícil levantarlo. Pero depende de nosotros. Hay atisbos de que esto puede cambiar. Corren vientos frescos que nos levantan esperanzas de que así sea. Espero que no la pinten por fuera para disimular lo feo de su interior.
Néstor M. SOTO
L.E. 4.751.489



