Conmemoración de dos fechas relevantes en el mes de septiembre
El 8 de septiembre se conmemora el Día de la Alfabetización. Entendemos que Alfabetizar es mucho más que enseñar a leer y escribir. El poder de cada persona reside en su capacidad de pensar y expresar sus ideas, lo cual convierte a este hecho en la piedra fundamental de toda sociedad comprometida con su realidad y su futuro.
Actualmente, se nos plantean nuevos desafíos debido a que los avances tecnológicos han producido cambios radicales en diferentes sectores y la Educación no es un ámbito ajeno. Es por eso que el concepto de alfabetización digital se encuentra hoy más que nunca en boca de pedagogos.
Es cierto que no todos los componentes del mapa educativo (docentes, padres, alumnos) responden de la misma forma a las inquietudes con respecto al rol de la tecnología en el aula pero lo que seguramente comparten es el anhelo que el número de analfabetos tecnológicos disminuya con el tiempo.
Tanto a aquellos que hasta no hace tan poco nos mostraron las vocales en un pizarrón verde o a los que hoy lo hacen a través de una pizarra digital, a todos les agradecemos por igual y les pedimos que no dejen de ser agentes de cambio porque sin lectura no hay pensamiento, y sin pensamiento no hay libertad.
El 11 de septiembre se conmemora el Día del Maestro. Casualidad o no, pero en el calendario de efemérides hallamos el día de la alfabetización muy cerca del día del maestro.
Aquel cuyano alborotador, como lo bautizó José Ignacio García Hamilton, se nos fue de este mundo un once de septiembre del año 1888 en la hermana ciudad capital de Asunción del Paraguay. De su extenso currículum podemos decir que fue docente, senador, gobernador, escritor, presidente, pero de todos estos títulos la Conferencia Interamericana de Educación decidió que hoy y desde 1947 en toda América honramos uno de ellos, el de maestro.
Hablar de Sarmiento y de toda su lucha y obra dedicada al fomento de la Educación y de la Alfabetización podría llevarnos mucho tiempo pero considero que, lo más simple que podemos hacer en su nombre es cerrar los ojos y reconocer algún rostro o una voz en nuestra memoria y traerlos al presente.
Todos nuestros maestros nos enseñaron ideas simples o complejas pero las que germinaron fueron aquellas que se plantaron sin censuras, sin presiones y con amor.
De una u otra manera, todos hemos estado tanto en el rol del alumno como en el del educador porque la vida misma es una escuela y, la única forma de averiguar si al segundo papel lo desempeñamos bien o no, es ver si nuestra obra trascendió.
Al respecto, los invito a realizar la siguiente reflexión: ¿En cuál de los dos decálogos nos reconocemos?
Decálogo del Olvido. Muere en nuestra memoria: (1) El que no sueña; (2) El que persigue el exitismo; (3) El que no ríe; (4) El que no sorprende; (5) El que se rinde; (6) El que no lee; (7) El que no llora; (8) El que no crea; (9) El que oculta la verdad; (10) El que sólo busca el bien propio.
Decálogo de la trascendencia. Permanece en nuestro recuerdo: (1) El que lucha; (2) El que espera; (3) El que siembra optimismo; (4) El que proyecta; (5) El que comparte; (6) El que confía; (7) El que escucha. Vive por siempre en nuestro corazón: (8) El que ama; (9) El que entrega; (10) El que enseña.
Ana Carolina Erregarena
Licenciada en Letras
Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras
Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires



