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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/oct/2010 de La Auténtica Defensa.

Cara o Ceca:
Limitar para no limitar
Por Lic. Patricia Katz




Muchas veces estigmatizados como violentos o rebeldes, los adolescentes necesitan luchar contra los mandatos de los adultos para buscar su propia identidad. En esta etapa es fundamental poner límites, pero también flexibilizar las reglas de la casa para permitir que los hijos jueguen a ser adultos dentro del hogar, donde están protegidos

¿Por qué vienen? -pregunté a la madre y su hija, una aspirante a mujer que aún tiene envoltorio de muñeca. -En realidad, venimos por un descontrol - contesta la madre y enumera -: deja la ropa tirada, no recoge las toallas cuando se baña, no colaboran con las tareas de la casa, se pasa el día hablando por teléfono, quiere salir de madrugada, pone música a todo volumen, usa mis pinturas sin pedir permiso...

Numerosos estudios demostraron que los adolescentes, en el paso de la dependencia a la independencia, no pueden llegar a convertirse en adultos si no comprueban los límites de la autoridad. Tampoco son capaces de luchar por lo que creen y lo que quieren si no tienen oportunidad de pelear contra las creencias y los mandatos de los otros.

Al poner un límite, los padres ejercemos una función de cuidado, amparo, y protección. El adolescente quiere y necesita esas reglas, pero también las pelea. Y está bien que sea así, porque esto ayuda a configurar su autonomía. Los padres de adolescentes debemos volver a aprender a criarlos y protegerlos, poniéndoles límites, pero sabiendo que ellos pelearán duramente para no aceptarlos

-Mi mamá no me banca -dijo la chica de las toallas regadas por el piso-. Dice que no soy como ella cuando era chica y que es porque estoy creciendo y me cambia todo por las hormonas.

Ella no escucha... En realidad me llevo bien con ellos, menos con mi mamá cuando me grita porque tengo el cuarto desordenado, porque me gasté toda la plata o porque quiero salir y llegar tarde.

Cuando le pregunto cómo le gustaría que fueran sus padres, la adolescente contesta: "Que sean amigos, que me escuchen y que no crean que si no les hablo es porque estoy enojada... Y que otras veces sean padres".

Aunque a los adultos nos cueste hacerlos respetar y a los hijos les provoquen furia, la comunicación entre padres e hijos adolescentes está directamente relacionada con los límites.

En algunas culturas de África, existen rituales de pasaje de la infancia a la adolescencia. En estos rituales, se les explica a los adolescentes qué es lo que la comunidad espera de ellos y se los acompaña en el aprendizaje. Este tiempo de dedicación exclusiva ayuda a que la transición no sea tan violenta para los adolescentes ni para los mayores.

¿Y cuándo los rituales parecen no existir, o por lo menos no son visibles, qué podemos hacer?


 
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