CLUB ESSO - CAMPANA - 20 HS. Entrada Libre y Gratuita
Un ciclo de 4 películas a partir de una única provocación: solamente un encuentro excepcional hace revivir al hombre, sea que este encuentro radique en la relación padre-hijo en condiciones extremas y terribles, como en La Carretera (The Road), o bien en una amistad imprevista y fascinante, como en El Erizo (Il Riccio), Bienvenido (Welcome) y Palermo Shooting.
5 de febrero El Erizo
El escenario de El Erizo es un rico condominio de la París actual. La llegada de un nuevo vecino comienza a cambiar la existencia de la portera Renée, quien poco a poco sale de la soledad en la que está encerrada desde hace años, y de Paloma, hija de una familia totalmente inmersa en la superficialidad al punto de no darse cuenta de que la niña está atravesando un momento de profunda crisis y que, no encontrando respuesta a su deseo, decidió quitarse la vida.
12 de febrero Bienvenido
Una amistad imprevista es el centro de Bienvenido; un joven de diecisiete años clandestino kurdo que, con tal de reunirse con su chica en Londres, está dispuesto a tomar la loca decisión de aprender a nadar para atravesar el Canal de la Mancha. La terquedad del muchacho entrará con ímpetu en la vida de un ex campeón de natación que se está separando de la mujer reencendiendo en el hombre el deseo de vivir.
19 de febrero Palermo Shooting
Decididamente sobre otros carriles se mueve Palermo Shooting, historia ambientada entre Düsseldorf y Palermo, ambas ciudades sumidas por el director en una destacada alucinación digital; sin embargo, el interés por la relación es el mismo que en las demás películas: el muy afamado fotógrafo alemán Finn, buscándose a sí mismo luego de haber arriesgado su vida, logrará reaferrar la punta de la madeja de su propia existencia sólo luego del encuentro con una joven restauradora italiana.
26 de febrero La carretera
Viggo Mortensen, protagonista sin nombre de La Carretera, vive para salvar a su hijo de ocho-nueve años de los peligros de un mundo devastado por una misteriosa catástrofe en un viaje dramático hacia la costa. El niño es su razón para vivir: "Para mi es como Dios", dirá en uno de los raros diálogos de la película. Y es su apertura positiva hacia los demás y hacia el mundo, a pesar de las escenas de muerte a las que asiste siendo incluso muy pequeño, lo que salva a su padre de un cinismo y una desesperación que parecen de otro modo inevitables.



