Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- En forma prácticamente unánime, la dirigencia política y económica y la mayor parte de los analistas internacionales coinciden en que la histórica etapa que se inicia con la Presidencia de Luiz Inacio
Lula Da Silva en Brasil generará para la Argentina, al menos en
estos primeros tiempos, un importante abanico de posibilidades que podría traducirse en una "gran oportunidad", pero al mismo tiempo advierten que es imposible predecir si esas puertas abiertas podrán ser aprovechadas o no.
Después de las sonrisas interminables, el sudor de la alegría y la excitación compartida con la gente en las calles, a Lula le llegó la hora de comenzar a demostrar si sus promesas de derrotar al hambre y combatir la profunda desigualdad que hiere a la sociedad brasileña pueden convertirse en realidad: un desafío por cierto difícil, pero para el que cuenta con un formidable apoyo de más del 70 por ciento de la población de su país, según las últimas encuestas.
El interrogante, entonces, se centra en saber si esos vientos favorables que soplan en el gigante sudamericano podrán traducirse en algo positivo para la Argentina. Entre los hombres del oficialismo y la oposición y los politólogos y sociólogos consultados al respecto por Noticias Argentinas surgió una coincidencia: el fortalecimiento de un bloque como el Mercosur le vendrá bien al país, pero es seguro que Brasil no cederá en su posición de erigirse como líder dentro del continente.
"No se puede negar el carácter hegemónico que va a tener la política exterior brasileña --aseguró un conocedor de las relaciones entre ambos países--. Brasil va a pretender seguir siendo un líder en la región y es altamente probable que en las conversaciones extra Mercosur no sea simplemente un par de la Argentina".
Desde el Gobierno, el presidente Eduardo Duhalde, presente en los actos con los que el fundador del Partido de los Trabajadores y ex obrero metalúrgico se calzó la banda verde y amarilla sobre el pecho, apuesta a que esta nueva era será beneficiosa para la Argentina, igual que buena parte del empresariado local y los analistas económicos.
"Lula ha expresado su decisión de promover una política regional muy fuerte, y a nosotros naturalmente nos beneficia el hecho de tener un socio como Brasil, decidido a que caminemos juntos", aseguró el mandatario argentino.
Y cuando le preguntaron sobre un tema aún espinoso, como una posible moneda común para el futuro --propuesta por los técnicos que acompañan a Lula y relativizada en las últimas semanas por el canciller Carlos Ruckauf y su segundo, Martín Redrado--, Duhalde añadió: "Es muy reciente esta convergencia macroeconómica (paridad entre el peso y el real), pero mantenida en el tiempo y habiendo estabilidad en nuestras políticas por un tiempo más
prolongado, se puede activar la idea, siempre presente, de llegar a una moneda común. Sería un paso muy importante y es algo que desde el inicio del Mercosur se está planteando como meta".
¿Cuáles podrían ser los beneficios concretos para la Argentina a partir de la llegada de Lula al poder?. Entre otros, el respaldo que brindará Brasil en las negociaciones con los organismos multilaterales (FMI, BID y Banco Mundial), una menor tensión en las discusiones bilaterales por las diferencias en el terreno
del comercio, una mayor "vocación pro-Mercosur" que podría ayudar a revitalizar el alicaído bloque regional, la exploración conjunta de nuevos mercados en el exterior y una postura común a la hora de sentarse a negociar, por ejemplo, la cuestión del ALCA (el Area de Libre Comercio de las Américas).
En el terreno de los discursos, Lula ratificó lo que venía diciendo tanto en la campaña electoral como después de su triunfo en las urnas, y al hablar en la ceremonia de asunción fue claro con respecto a sus vecinos más cercanos: "La gran prioridad de la
política exterior de mi gobierno --dijo-- será la construcción de una América del Sur políticamente estable, próspera y unida, con base en ideales democráticos y de justicia social".
Con respecto a su sociedad con Argentina, Uruguay y Paraguay, Lula señaló que para lograr aquellos objetivos de fortalecimiento de la región "es esencial una acción decidida de revitalización del Mercosur". Y en la misma línea, su flamante canciller, Celso Amorim, sostuvo que América del Sur será "la prioridad", mientras que "la relación con la Argentina será el pilar de la construcción del Mercosur".
Entre los principales desafíos que deberá afrontar el nuevo gobierno en lo inmediato figuran la creciente deuda externa e interna que ya llega a casi el 60 por ciento del Producto Bruto Interno, los abultados vencimientos que operarán este año con los organismos internacionales de crédito, la luz de alarma que se encendió por la inflación y la exorbitante desigualdad en los ingresos --el 50 por ciento de la riqueza está concentrado sólo en el 10 por ciento más acomodado de la población y ya hay casi 55 millones de pobres--.
En el frente externo, la "pelea de fondo" podría darse con el ALCA, ya que en reiteradas oportunidades Lula dijo que negociará con fuerza y sin concesiones frente a los Estados Unidos para que ese mercado unificado desde Alaska a Tierra del Fuego no signifique una simple "anexión", sino una verdadera integración.
El propio Presidente brasileño, después de su primer encuentro con George W. Bush, en diciembre pasado, dijo que podía contar con él como un "aliado", pero diversos catedráticos de su país sostienen que las relaciones entre ambos gobiernos podrían ser tormentosas, debido a que los dos mantendrán sus posturas "nacionalistas" y de "líderes" en temas clave como los referidos al comercio o a las problemáticas puntuales del resto de América.
Desde los despachos oficiales de Buenos Aires no se cansan de afirmar que Argentina debe marchar "junto" a Brasil en temas como el ALCA, el Mercosur o el comercio exterior dirigido a mercados hasta ahora no tan explorados, como China o Asia. Será cuestión de ver cuáles son los rumbos que toma la nueva administración brasileña y si Argentina viaja en la misma clase o se convierte apenas en furgón de cola.



