En la marina de los Estados Unidos, està la anègdota que muchos años atrás, un avión bombardero cayó en el desierto de Nevada, durante prueba de artillería. El avión estaba volando en velocidad supersónica, pero, las bombas de su artillería, colocadas en sus alas, eran subsònicas... Lo que pasó fue trágico. El avión se chocó con las bombas que acabara de lanzar segundos antes, porque se estaba moviendo mucho màs rápido.
Algunas veces nos movemos por demàs de rápido en la busca de una soluciòn a un determinado problema. Pero, a causa de la rapidez con que nos movemos, no encontramos la soluciòn... Debemos tener cuidado de que la prisa no nos impida de oír el yo interior. Es mejor que estemos siempre atentos y abiertos a escuchar el centro de nuestro ser, nuestra voluntad.
Cuando nos apremiamos en la busca de la realización de algún sueño, y no estamos confiando en nosotros mismos, el resultado puede ser tan trágico como lo de nuestra ilustración. Podemos perder el rumbo, podemos caer despues un choque con nuestra
incompetencia, podemos percibir que la prisa nos hizo dejar para detrás el logro tan ardientemente soñado.
Si estamos buscando, hace mucho tiempo, una respuesta a nuestros problemas, esperemos un poco más. Si anhelamos una gran
conquista y mucho tiempo ya pasó, esperemos un poco más. Si nuestra esperanza ya nos hizo esperar bastante, esperemos
aún un poco más. La paciencia, con fe, es la forma más rápida de alcanzar todas las victorias.



