Concurrí a ver una película de la nueva camada de cineastas argentinos en el marco del festival BAFICI. Se trata de "Cracks de Nácar" que se exhibe el fin de semana en el Shopping Abasto y en otras salas. De acuerdo a la sinopsis "la primera extrañeza que hay que atravesar es la del título, que parece en otro idioma. Crack es una voz inglesa, ya aceptada en la Real Academia Española, que significa deportista de extraordinaria habilidad, y el nácar es una sustancia orgánico-inorgánica que se usa, entre otras cosas, para hacer botones. Segunda extrañeza: ésta es una película sobre botones, de los de la ropa, pero fuera de ella, que juegan al fútbol. ¿Fútbol con botones? Sí, pero los botones no se mueven solos sino que son movidos por Rómulo Berruti y Alfredo Serra, veteranos periodistas, amigos de larga data, eximios conversadores y apasionados de los botones futbolistas.
No cualquier botón es un crack, y tanto es así que los elegidos son personalizados y bautizados con nombres como Bordenave o Rojas. "Cracks de nácar" es una película sobre un juego singular, pero también, y sobre todo, un plácido, fluido retrato de una amistad unida por el placer de la anécdota, la conversación afilada, la mirada zumbona sobre el mundo, y con la sofisticada inteligencia, que comparten Berruti, Serra y el film, de reírse de uno mismo".
Está dirigida por dos jóvenes directores, Daniel Casabé y Edgardo Dieleke, que se animaron a tomar una situación en apariencia menor, que les sirve como excusa para profundizar en la amistad y en la vida.
Me sorprendí al encontrarme con una amena película, a veces divertida y siempre grata.
Parece increíble que alguien se dedique a un deporte así, pero verifiqué a través de Internet que existen incluso campeonatos de varias categorías en Brasil, España y otros países.
La película tiene un tono minimalista, alejado de la espectacularidad por la espectacularidad misma que hoy abunda en muchos filmes.
Tiene que serlo: se mete en el camino de esas actividades que uno quiere mantener en su fuero íntimo, como una secreta fuente de satisfacción, como lo es el juego.
La sensación de placentera simpatía que provoca quizás se deba a hacernos evocar una época de nuestras vidas donde podíamos dedicarnos a divertirnos con toda nuestra imaginación y toda nuestra atención, sin tener que ceñirnos a los rígidos moldes de la convivencia contemporánea.
Y lo hace bellamente, conjugando un guión ágil y verosímil, con una buena fotografía y una hermosa música, sobre todo el nuevo tango final.
La película conjuga la juventud de los realizadores y el músico junto con la veteranía de los protagonistas en un producto que destaca por sobre todas las cosas el disfrutar de la vida
Qué importante encontrar motivos de satisfacción en nuestras actividades, sobre todo en las que podemos elegir libremente.




