"... rosa de estos vientos en América inmoladaRuta del Coya rabia de siglos en marcha..."Ruta del Coya -
León Gieco
Inocente en tus acciones, culpable de inocencia. América Latina, perdida dentro de la hipocresía de los imperios, aquellos que lograron saciar sangre, la ajena, por la expoliación de millones de seres humanos, que no tenían humanidad, por ser simple hijos de la madre tierra. Creer, no crecer, ser o estar, parecer o ser parecido.
No tiene sentido hoy recalcar nuevamente los años de esta tragedia, ¿para qué? hoy estas tomada, envenenada, infectada, sucia y mal vestida, solo sos harapos sobre oro, cobre, estaño, petróleo, cultivos y vaya a saber cuantas cosas mas que no vemos; solo sentimos como por un conducto, te llevan hasta la savia de nuestros árboles. Matando culturas y selvas; ciudades y campos; héroes y bandoleros.
Libre al fin, no es igual a que al fin somos libres o en el final lo seremos. ¿Cuánto se puede esperar para que la tierra responda? ¿Quién será el atrevido que ose levantar tus banderas, las de la libertad, hermandad o sueños incumplidos?.
¿Cuándo responderá un pueblo entero y digo pueblo, hablo de una América única?. La que soñaba Bolívar. La patria grande de San Martín. La empobrecida tierra de Martí. La esperanzada lucha del monte a la cabeza con Sandino. La exaltada salida de los indígenas Zapatistas. La patria o muerte, ¡carajo! de Salvador Allende; Los niños del hambre en una de las tierras más ricas del mundo en manos de los escuadrones de la muerte; los que salieron y fueron reprimidos por aquéllos que no entienden las necesidades, sino sólo las órdenes y vos Ernesto, que apareces abrazado adentro de aquella selva, sobre tu escuelita, la de la higuera.
¿Cuánto hijos más debemos esperar que caigan, desaparezcan y mueran, dentro de este continente?. ¿Cuántos más desembarcaran para atribuirse riquezas a cambio de espejos, los mas modernos espejos?. Aún sentimos aquellos gritos, aún sentimos, aún estamos, ¿cuántos más?
¿Cómo debemos hablar, para que las conciencias sean unificadas, cuántas revoluciones fallidas debemos tener, cuántos intentos desesperados debemos soportar?. ¿Quién responderá por aquellas culturas que hoy se exhiben como algo que pasó, el tiempo borra sus huellas, pero no la sangre derramada?.
¿Quién dará aquel grito desesperado, que raje las vestiduras de los que no escuchan?. ¿Cuán fuerte debemos gritar y desesperado hemos de sentirnos, para que nuevamente nuestras tierra, vuelva a ser el nuevo mundo, el continente de la esperanza?.
No queremos una lista de preguntas, sólo las simples respuestas, las más preciadas y objetivas ideas, las del cambio posible. Ese simple ejemplo de lealtad con el pasado para formar la fuerte presencia en el presente y poder cambiar el futuro.
El autor es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del Taller-Escuela Mariano Moreno.



