Todos saben del gran amor que Diego Maradona sentía por su madre, como asi también todos sus hijos.
Haber nacido en una cuna pobre, no le impidió ser una Dama en todos los aspectos de su vida .La dama Dalma (doña Tota para todos) mostraba en su cara,largas horas de vigilia, de intenso trabajo para criar a sus ocho hijos. Su esposo Don Diego supo elegir a la hora de casarse.
Pocas veces se vió reflejada la bondad tan nítidamente como en cada rasgo de su personalidad. Su sonrisa tímida, sus manos cálidas, su mirada que era una caricia.
Toda ella denotaba armonía interior. Este cúmulo de buenos pensamientos que anidaban en su alma solidaria.
Una dama pobre que hizo de su hogar en Villa Fiorito un lugar de unión donde faltaban muchas cosas, menos amor.
Una Dama distinguida e inteligente que decía que le dolía el estómago para dejarle su comida a sus hijos. Esa porción que hizo fuerte y musculuso a Diego.
Doña Tota querida por todos, pudiendo figurar y recibir los halagos y la aprobación de toda la sociedad, se conformó y prefería la sencillez de las reuniones con la familia disfrutando de sus ricos ravioles.
El gran ídolo, el mejor jugador del mundo, que era recibido por Presidentes, Reyes, y la euforia del público, siem,pre pregoñó que su gran amor era su madre porque supo verla desde siempre adorandola y enalteciendola con sus expresiones a la prensa.
Contuvo a todos sus hijos que revolotearon a su lado con sus presencia, y respeto.
Tan solo Diego tuvo que sufrir las ausencias repetidas como precio que había que pagar por ser recocido mundialmente-
La Gran Dama doña Tota dejó su estela de luz que se desprendía de su propio resplandor. Su valiosa huella quedó estampada por sus cualidades, al marcharse al cielo.
Su corazon cansado está latiendo donde viven los que hicieron de su vida algo magnífico, útil, con grandeza como una canción nostalgiosa e inolvidable de amor pleno.
Rina Casulli



