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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 25/oct/2003 de La Auténtica Defensa.

ENCUENTRO DE COLECTIVIDADES




 

En el marco de este nuevo encuentro deseo homenajear a la colectividad mas nueva en nuestra historia de migraciones. Y saludar tambien a todos aquellos que en algún momento de su historia tuvieron que dejar la patria chica como mis abuelos, mis padres, mis suegros, mis hijos.

Cristina Blotta

C h u s o k

- Vestida así te pareces a la chica del anuncio de "Conozca Seúl"- le habia dicho la abuela a Li, al verla frente al espejo.

Esa era la causa por la que la niña, ajustaba su chogori blanco y acomodaba los pliegues de la chima una y otra vez. Ajustaba y acomodaba , sin dejar de mirar de reojo el reloj.

Olores prometedores inundaban hasta el último rincón del departamento. Pero ni el traje nuevo, ni los manjares festivos acortaban la angustiosa espera.

Estaba distraída mirándose por enésima vez en el espejo cuando rememoró el día que conoció a la señorita Emilia y su amiga Laurita

… Hacía cuatro meses que habían llegado a Buenos Aires. Antes de la partida, toda la familia, había ido a aprender castellano, idioma que a todos les resultó difícil… La pobre abuela Lu lloraba como un niño cuando no podía pronunciar esas terribles letras del abecedario. Se refería a la doble ere y la elle. No eran terribles, eran endemoniadas, la lengua se retorcía toda cuando tenía que decir perro.

Tardaron muchos días en acomodarse en el departamento de la calle Bahía Blanca, porque todas las tardes salían a conocer Buenos Aires. Fue a finales de febrero cuando Marián, la traductora, los acompañó a buscar una escuela para Li. Como sus papás debían trabajar todo el día le sugirió ir a una escuela de doble jornada, por suerte había una que quedaba muy cerca de su casa.

El primer día de clase, llegaron a las ocho y media. Li estrenaba su delantal blanco, y lucía dos gruesas trenzas que remataban en moños colorados. Lo más importante que traía en la mochila era la lapicera azul que le regalaron sus amigos al despedirla.

Tuvieron que esperar que izaran la bandera, que director saludara y todos se fueran a sus aulas, recién entonces los atendieron, mientras esperaban Marián, le daba confianza.

Cuando entraron a la dirección Li tuvo la sensación que se metía en las fauces de un dragón, por lo grande y oscura que era la sala. Sus padres se sentaron pero ella prefirió quedarse parada porque estaba muy nerviosa y tenía miedo, no sabía de que, pero tenía miedo.

Mientras Marián traducía las preguntas del director y su papá contestaba, ella transpiraba. Después de un largo silencio, éste dijo:

-Está todo en orden. Vení, vamos al aula.- y tomándola de la mano la llevó hasta la puerta donde la esperaba la vicedirectora, una señora muy simpática que olía a violetas. Después de darle la bienvenida le dijo:

– Ahora te acompañaré hasta el aula- Li entendía todo lo que le decía pero no podía articular palabra.

Si bien todavía tenía miedo, se dejó llevar.

Cuando entraron al aula le llamó la atención una nena de cabellos rojos, ésta le sonrió y la saludo con la mano. La maestra estaba dando una obra de títeres. Cuando la vio el títere dijo - Llegó la alumna nueva, ¡Qué lindo! Chicos saluden.

- Es Li Yun y es coreana –dijo la vicedirectora.

Al ver que Li iba llorar, el títere le preguntó - ¿ Querés ser mi amiga? Y le dio un beso de títere, como por arte de magia se le fueron las ganas de llorar.

-B i e n v e n i d a L i Y u n – dijo la maestra, lo mismo repitió el títere mientras le hacía cosquillitas en las orejas. Con lo que logró una sonrisa mojada por las lágrimas que se resbalaban por las mejillas de Li.

Aunque todavía esta prendida de la mano de la vicedirectora y se ocultaba la cara tras del brazo, pudo ver al nene rubio que le sacaba la lengua y les ponía caras feas.

- ¡F e d e r i c o! – lo reprendió la maestra, mientras la tomaba de la otra mano para acompañarla a un banco que había vacío.

-¡Qué, se siente conmigo! - pidió Laurita ofreciéndole su silla, era la chica pelirroja. Las lágrimas hacían que sus ojos rasgados parecieran una línea.

De repente se dio cuenta que la vicedirectora se había ido y que sus papás espiaban desde la puerta, y esta se cerraba quedándose ella sola, hizo unos mohines y volvió a llorar, pero esta vez a los gritos, olvidándose de los consejos de su abuelo que eras muy sabio en esto de acomodar tristezas. Según las recomendaciones debía sentirse como una princesa pero ella se sentía una huérfana, abandonada a su suerte, quería estar con sus amigas, pero la realidad era otra y no había lágrima que cambiara la historia. La señorita Emilia la abrazó, le secó las lágrimas y limpió los mocos mientras le decía - ¡Llora tranquila, ya pasará! - y siguió dando la clase.

No pudo llorar tranquila porque Federico le tiraba pelotitas de papel y le gritaba ¡CHINA!. Cuando la maestra escuchó lo que Federico le decía, les explicó que chinos son los que nacen en China, pero ella es coreana porque nació en Corea. Y que no hay que confundirse.

-¿Por que le dicen Chino a Eduardo? Si no nació ni en Corea ni en China?- preguntó Mariana.

- Porque sus papás son bolivianos y la gente del altiplano tiene un parecido con los asiáticos, en particular la forma de sus ojos y el color de su piel- respondió la maestra.

- Te imaginas si son primos que se vienen a conocer aquí en Buenos Aires – dijo Rodrigo con picardía.

- Podría ser, pero sería tan difícil probarlo – contestó sonriente la maestra – Ya lo estudiarán en séptimo - Y se fue a buscar el globo terráqueo para mostrarles cuan lejos quedaba la patria de Li.

Cuando sonó el timbre para el primer recreo, Laurita la tomó de la mano y le dijo- Soy tu amiga, repetí A – M –I – G- A. Y lo son desde entonces. Ella fue la que le enseñó nuevas palabras y versos, nuevos juegos, a tomar mate, comer dulce de leche del tarro y tener bigotes de gato cuando comían fideos con tuco, a soplar las empanadas calientes. A jugar a la lluvia marrón con las hojas del otoño, a comprar pirulines en el kiosco y cantar todas las mañanas Aurora, pero lo que si no pudo fue explicarle porque la bandera tiene "azul un ala".

Y Federico fue siempre su enemigo, el que le tiraba de las trenzas, y le decía cosas horribles. Aunque ella quería explicarle las razones por las que tuvieron que venirse y dejar su casa, sus amigos, su barrio, sus costumbres, su patria. Pero él nunca entendió razones.

Al principio, parecía que ella no sabia ni sumar, ni restar ni decir gracias, ni que nunca aprendería la lengua del Quijote pero en realidad era tanta la vergüenza de equivocarse y además esa maldita letra ere, que provocaban las burlas más ácidas de Federico. Aunque las chicas le ayudaban con los destrabalenguas, todo era muy difícil.

En la fiesta de fin de curso, Li recibió un diploma de felicitaciones por su esfuerzo y dedicación. Terminó siendo una de las mejores alumnas del grado.

Desde entonces habían pasado casi siete años y su amistad con la señorita Emilia era cada día más fuerte porque con Laurita eran casi hermanas. Ahora la letra r no la asustaba más pero seguían cantando

" Erre con erre carril", cuando paseaban por la plaza.

Cuando sonó el timbre, volvió a la realidad -¡Es para Li… - gritó su hermano menor- ¡Mamá! Le mandan flores con tarjeta como en las películas- - Tiene novio…, tiene novio… – se burlaba Yun mientras entregaba el ramo a su madre.

Li corrió al living queriendo acallar las burlas de Lee, y ver el ramo, cuando quiso leer la tarjeta, el timbre volvió a sonar, pero como estaba cerca de la entrada, fue ella la que atendió.

Escuchó las risas y los cuchicheos detrás de la puerta y se estremeció. Le pareció una eternidad el tiempo que necesitó para llegar hasta la entrada. Cuando abrió, una catarata de augurios la abrazó:

- ¡ FELICIDADES, FELICIDADES !- gritaban a coro. Entraron todos juntos, mientras le cantaba coplas inventadas para la ocasión. Como todos los años vino la señorita Emilia, que estaba oculta detrás de un gran paquete, también Laura y tras ellas Luisita, Ema, Pedro, Chino, Santiago, Lara y Roberta, que venían por primera vez. La señorita Emilia hizo un gesto y todos hicieron silencio.

Li saludo siguiendo las tradiciones de la casa y todos los invitados imitaron sus movimientos, pero por la emoción se olvidó el español y lo dijo todo en coreano. Cuando se dio cuenta se disculpó, pero la señorita Emilia le contestó – Nosotros también estamos muy contentos de festejar Chusok una vez más- como si hubiera entendido y allí nomás le dio un beso y le entregó el frasco de dulce de leche que le habían traído de regalo.

Traspasar el umbral de la casa de los Kin es ingresar a un mundo diferente del que late afuera: la decoración , los olores de la cocina asiática , la música de los gon, todo eso atrapó a los niños de inmediato. Distraídos olvidaron saludar a la abuela y a la mamá de Li que aparecieron muy elegantes con sus vestidos nacionales y perfumadas de apios y salsas picantes, porque venían de la cocina.

- ¡Qué. linda que es tu casa! – dijo Roberta – parece de película.

-¿Esas fotos son de tu casa en Seúl? – indagó Lara - ¿ Y esto? Mirén Li y Yun practicando artes marciales.- los chicos preguntaban por cada una de las cosas que descubrían y Li les respondía a todos a la vez. Mientras la mamá y la abuela le daban la bienvenida a la señorita Emilia.

El Chino se dio cuenta que no habían saludado a las señoras y tendiéndole muy ceremonioso la mano le dijo – Mucho gusto señora Doña Li Li Tang- - Ella no se llama señora doña Li Li Tang- corrigió Li. - ¡No importa hija, también me puedo llamar así – dijo la madre sonriente- Desde ahora seré Doña Li - ¿Cómo está usted don Chino? – Todos rieron por la ocurrencia.

Mientras esto sucedía el papá, puso música y ordenó el comienzo de la cena, para ese entonces la abuelita ya había colocado sobre la mesa una gran fuente con shushi, al verla Luis dijo – …¡Hay sushi! A mi sírvame de todos los gustos- Los mayores se asombraron con la seguridad que los pedía entonces la señorita Emilia preguntó: - Estás seguro que te gustarán- -¡Claro que si! Mi papá siempre compra en un restorán en Caballito, y sé comer con palitos y no se me cae ningún grano de arroz -.

Sonriendo con picardía el abuelo de Li le alcanzó los palillos y el plato de arroz para que lo demostrara, si buen ellos comían el arroz con cuchara, no seguir la tradición en este momento significaba un momento de esparcimiento. En verdad Luis resultó ser un experto, todos los chicos quisieron hacer lo mismo, entonces cada miembro de la casa tomó a su cargo un alumno, y así la cena se desarrolló entre palillos, granos de arroz y risas.

Estaba cursando tercero de la secundaria, por eso tenía amigos nuevos, a los que nunca había invitado a ninguna fiesta tradicional. Chusok era una buen fiesta para recibirlos, no en vano es la fiesta de la cosecha.

Después de cena escucharon música folclórica y su hermano bailó danzas tradicionales cosechando el aplauso de las chicas.

Aprovechando que estaba cerca del ramo de flores tomó la tarjeta que no había alcanzado a leer.

Querida Li

"Mañana parto con mi familia a radicarme en Italia y mientras preparaba mi equipaje queriéndome llevar todo, tú sabes que es imposible, recordé lo que te hice sufrir cuando íbamos a la escuela. Ahora yo seré el extranjero.

Sé que me perdonarás, pensaré en vos cuando quiera ir a ver a Ferro y no pueda, y no tenga una calle Avellaneda para andar en skate y sea imposible ir en tren hasta Haedo a visitar mis abuelos."

Tu amigo Federico

Li sonrió y guardo la tarjeta en el bolsillo. Disfrutó del baile y de los postres. Mientras su papá preparaba la video para mostrarle a las visitas como festejaban Chusok cuando vivían en Seúl, llamó por teléfono a Federico para despedirse. Cuando terminó el video lloraba, no supo si era por la partida de Federico o porque vio a sus amigas, a su barrio, a sus vecinos, a su patria.

El cuento fue seccionado para conformar el libro bilingue - Coreanos en la Argentina - .El mismo será presentado el 30 de octubre del 2003 en el Ministerio de Relaciones Exteriores.


 
P U B L I C I D A D






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