Buenos Aires, (especial para NA, por Pepe Eliaschev) -- A 150 días de haber llegado, Néstor Kirchner parece estar más convencido que nunca de que en las profundidades más recónditas del país hierve, pero de manera controlada, una revolución social portentosa a la que sirven de modo funcional los líderes emergentes políticos.
Pero el Presidente cree que las individualidades que hoy gozan del crédito ciudadano sólo podrán seguir en vigencia si admiten que la Argentina está cambiando de manera irreversible.
Los colaboradores de Kirchner se esfuerzan por taponar los intersticios y temen, previsiblemente, a las filtraciones, pero no se animan a desmentir que dentro de poco el Presidente destapará una de las ollas más podridas del país.
Si los datos que se estarían terminando de recolectar los acreditan de modo irrefutable, el Gobierno denunciará un descomunal sistema de desvío de dinero desde las entrañas del Ente Binacional Yacyretá, cuya tesorería pagó hasta 1994 la sideral cifra de 740 millones de dólares en concepto de "consultoría" y desde ese año hasta hoy obló otros 140 millones de dólares, para un total de 880 millones de dólares. En la actualidad se está pagando 8 millones de dólares anuales (740,000 dólares por mes) en un rubro inexplicable y absolutamente opaco, agujero negro en el cual tienen responsabilidad tanto la Argentina como Paraguay. Falta pagar 450 millones de dólares para terminar las obras de Yacyretá, la mitad de lo que costó lubricar la corrupción.
En el gobierno de Kirchner creen a pies juntillas que, a cinco meses de haber ingresado esta gestión a la Casa Rosada, se advierte un vigoroso cambio de tendencia en el país, en todo sentido y en casi todos los rubros. Han aplicado el criterio que más le gusta a Kirchner, el del gradualismo, aunque la sensación térmica sea la de una aspereza más aparente que real.
¿Está Kirchner contra los mercados? ¿Es un intervencionista queintenta retrotraer al país al estatismo más grosero?
El Presidente es un hombre que se asombra cuando se lo quiere etiquetar como un nostálgico de los revoltosos años Setenta. Cree que uno de los problemas centrales de la Argentina es su tendencia casi congénita a no poder reformar las cosas progresivamente. "Así somos los argentinos" rezonga, dolorido por un esguince de tobillo y sin abandonar, pese a que el ministro de Salud le prescribió una bota correctora, sus ya míticos y (éstos sí) setentistas mocasines.
Kirchner piensa de una manera desconcertantemente pragmática. En vísperas del 20§ aniversario del triunfo electoral de Raúl Alfonsín el 30 de octubre de 1983, el actual Presidente opina que el primer ministro de Economía de la democracia, Bernardo Grinspun, hizo muchas cosas apreciables y valiosas para el país.
Defiende, incluso, el concepto y el comienzo del Plan Primavera, del que no se supo o no se pudo salir a tiempo. Como sucedió con la convertibilidad: el error de Domingo Cavallo fue no entender que había que salir gradualmente.
En privado, Kirchner se encrespa que la derecha lo llame intervencionista o setentista. ÉL entiende que más temprano que tarde se aceptará que el actual gobierno descarta por completo los métodos dirigistas. "No se puede poner corsé a la economía" son las palabras que le gusta usar a Kirchner en este sentido.
El Gobierno concluye sus primeros 150 días navegando a una altitud casi de crucero y con apreciable viento de cola.
La tarde del viernes 24 el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, proyectaba una imagen de confianza evidente, tras la divulgación de las cifras de aumento del empleo. La Encuesta de Indicadores
Laborales del ministerio de Trabajo para el Gran Buenos Aires asegura que el empleo ha crecido un 4,4 por ciento en los 12 meses que concluyeron en diciembre. Las bocas están selladas y prevalece un silencio mediático notorio, pero cerca de Kirchner creen que la Argentina habrá llegado a mayo de 2004 con solo el 13 por ciento de desempleo, una evolución monumental desde la negra noche del invierno de 2002, cuando la desocupación azotaba a una cuarta parte de la población activa.
El Gobierno respira una confianza interior que tiene mucho de necesaria, pero mucho de peligrosa. La batalla con las empresas eléctricas enseñó muchas cosas y cerca de Kirchner están resignados a que, al menos con Edenor y Edesur, habrá guerra de guerrillas en el futuro, que pegarán y se replegarán, pero volverán a atacar y así de seguido.
La primera línea presidencial alega que no habrá apocalipsis energético en el verano y dicen conocer las estrategias de operación mediática de las distribuidoras de electricidad, las más activas en la materia.
En el frente externo, el Gobierno no se siente con problemas delicados. No es un misterio que el Presidente manejó con serenidad el tema de las maniobras aéreas Aguila III.
Kirchner ha tenido una buena y civilizada plática con el nuevo emisario norteamericano Lino Gutiérrez y se asombra de lo que denomina exageraciones y sobreestimaciones absurdas. Es posible escucharlo a Kirchner murmurar su disgusto cuando lee comentarios periodísticos que lo presentan como en guerra con los Estados Unidos.
En el Gobierno aseguran que Washington no ha pedido nada, ni soldados argentinos en Iraq, ni maniobras militares improrrogables. Todo es mucho más chico y módico que lo fantaseado por la congénita grandiosidad argentina.
La renuncia del ministro Guillermo López a la Corte Suprema no significa inexorablemente que lo reemplace una mujer. En el Gobierno quisieran, claro, una jueza suprema, pero el asunto no es de vida o muerte.
El proceso de análisis de los antecedentes de Raúl Eugenio Zaffaroni, producto del decreto 222 de este año, dejó lecciones útiles y sabrosas.
Los sitiales de López como el del suspendido Eduardo Moliné O´Connor serán ocupados luego de un escrutinio similar, pero incluso más exigente. Debe ser subrayado: nunca antes la Argentina se tomó tan en serio la elección de un intérprete de la Constitución.
¿El romance de Kirchner con Eduardo Duhalde se preserva? Todo indica que sí. La gente más importante en torno de Kirchner no pestañea: Duhalde ha cumplido todo lo que de él se aguardaba y más no se le puede pedir. El problema es que el paquidérmico aparato del justicialismo bonaerense exhibe alergia ante los efluvios de la transversalidad kirchnerista.
En la Casa Rosada saben que Felipe Solá no tiene poder propio y que Duhalde es una bisagra entre el pasado y el futuro, pero ¿y el presente? Dicen los kirchneristas: Duhalde es el último de los viejos, él hace mucho para que el cambio se produzca, pero su lógica no cambia y es una lógica del pasado.
¿Cuál es esa lógica del pasado? Aquella que está convencida de que los acuerdos políticos cambian la historia. Hoy, en cambio, en la Casa Rosada hay un artículo de fe: el 90 por ciento del poder instituido no sirve para nada.
Es muy probable que Kirchner sienta que sólo él y Alfonsín han expresado en estos 20 años las aspiraciones de la siempre perturbadora clase media porteña. Esa clase media es potente y casquivana, inconstante e influyente, carismática y un poco traicionera.
La noche del jueves, por ejemplo, una cuadra de vecinos del burgués barrio norte porteño se puso a batir cacerolas porque Edenor les cortó la luz a la hora de la cena, y por menos de una hora, para un cambio de cables.
En la Casa Rosada maldicen a la empresa francesa por la hora seleccionada para hacer el arreglo, pero ningún funcionario de estatura se siente cómodo ni con cacerolazos ni con nuevos motines piqueteros. Se entusiasman porque la propia lógica de la reactivación ha dividido las aguas entre los piqueteros. "Yo no comparto la lógica lombrosiana según la cual los pobres son peligrosos. La abrumadora mayoría quiere trabajo y dignidad y con ellos estamos haciendo cosas" dice alguien clave en la retaguardia kirchnerista. Pero la minoría lumpen y marginal no quiere reconstruir el sistema de trabajo: son traccionados por grupos políticos muy chicos que solo persiguen un agenda ideológica y para los cuales una vida sin conflictos irresolubles no es vida.
El Gobierno se instala en el camino de una lógica institucional nueva. En pocas semanas más Kirchner firmará un decreto sobre transparencia en materia de lobbys que permitirá blanquear las agendas cotidianas de los principales funcionarios.
También se pondrá la totalidad del Boletín Oficial en la web y sin cargo (hoy solo se puede consultar sin pagar la edición resumida del día). Conviene no ilusionarse demasiado, después de tantos años de calamidades morales y de las otras.
Kirchner sabe que no es sencillo sostenerle la mirada. Afable, es capaz de proclamar algo así como un "no pido que nadie ponga las manos en el fuego por mí, porque yo tampoco las pongo por nadie".
Pero, ¿y si la sociedad argentina ha ido descubriendo que el mejor negocio, el menos costoso, es recomponer la primacía de ciertos valores? ¿Quién dijo que nada cambia nunca?



