Y así parece que el gobierno K sigue haciendo de las suyas, sigue "cumpliendo" promesas. Tal como podemos recordar en aquella inesperada cadena televisiva de junio de este mismo año, cuando el recién electo presidente pedía al Congreso la destitución de jueces funcionales al menemismo. Primero fue Nazareno; el jueves último el juez Guillermo López elevó su renuncia que empezaría a regir desde el primer día de diciembre del 2003; Moliné O´Connor está en proceso de juicio político; el próximo objetivo se estaría disputando entre los demás integrantes de la "mayoría automática" menemista: Vázquez y Belluscio.
Claro que López ya se veía venir que "se le venía la noche", y no esperó a ser destituido... ¿orgullo?, no: dinero. Al ser expulsado de su cargo, sería más que imposible alcanzar la jubilación que con tanto ímpetu ya logró tramitar. Se ve que Moliné no se "avivó" a tiempo: lástima para él, veremos cómo trata de llevar su causa.
Con dos jueces fuera de la Corte y uno con juicio político en sus hombros, el Presidente está logrando llevar a cabo su política ¿anti-menemista?, ¿anti-corrupción?, o simplemente de transparencia como alguna vez anunció al pueblo.
Para la primera destitución el candidato a ocupar el cargo fue solamente un juez -Zaffaroni-, ahora, con la segunda "patada" a la Corte, se apuestan el lugar entre cuatro postulantes, todas mujeres. Los cambios en la Corte Suprema ya se van colando en "jugosos cambios" para constituir lo que sería una Corte un poco "diferente" de lo que venía siendo en los últimos años.
Es cierto que es más que necesario "volver a creer" en la Corte Suprema de Justicia como un órgano que debe impartir justamente, justicia. Está claro que hay que "remover" algunos silloncitos para que la honestidad vuelva a tener acceso entre los jueces. Pero debe ser difícil de obtener imparcialidad cuando cada gobierno "mete la mano", poniendo y sacando jueces a diestra y siniestra, como se les dé la gana. En este marco, ¿cómo obtener una Corte idónea?, ¿y qué papel juega Diputados en la elección de los integrantes de ésta?, ¿hasta dónde llegan las decisiones de un Presidente que se dice ser "democrático"?
Este es el cuadro de un país que no confía más en su gobierno, y la desesperación de este último por "demostrar" de algún modo su equidad. El Presidente K tomó las riendas de Argentina en medio de una batalla campal entre el pueblo y los gobernantes. Su recurso para no caer en la marea -como algunos de sus antecesores- es rescatar cuanto antes el apoyo popular, la credibilidad en los manejos que imparte el
Ejecutivo, y así lograr una especie de "gobierno transparente", tratando de alejarse bruscamente de lo que fueron los anteriores.
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Soledad Elías Leguizamón



