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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 26/oct/2003 de La Auténtica Defensa.

SUICIDIO EN ADOLESCENTES  
Por Nancy González




Noticia impactante si las hay, es la del fallecimiento de un adolescente. Particularmente, cuando la muerte vino de la mano del suicidio. Solemos posicionarnos inertes y confundidos ante un hecho que consideramos totalmente sorpresivo e inexplicable.

Pero... ¿realmente es el suicidio indetectable? ¿O es uno más, de la larga lista de temas que por negación o indiferencia abandonamos a su suerte?

Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre sí mismos, presión para lograr éxito, incertidumbre financiera y otros miedos mientras van creciendo. Temas cotidianos suelen tener un peso inusitado para ellos, que "adolecen" cada paso en un camino que parece exigirle definiciones y certezas.

Cuando los adultos relativizan o desestiman tales problemas, lejos de ayudar alejan y suman un peso extra al joven, que se siente muy solo, llamándose a un ostracismo mayor o lo que es peor, obligándose a aparentar un bienestar que no siente para no molestar ni ser molestado.

Ante tanto agobio, muchas veces el suicidio aparenta ser una "solución".

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar.

Los padres deben estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio: cambios en los hábitos de dormir y de comer; retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales; pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones; actuaciones violentas; comportamiento rebelde o el escaparse de la casa; uso de drogas o de bebidas alcohólicas; abandono poco usual en su apariencia personal; cambios pronunciados en su personalidad, aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar. Quejas frecuentes de síntomas físicos, tales como: los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven, poca tolerancia de los elogios o los premios.

El adolescente que está contemplando el suicidio también puede: quejarse de ser una persona mala o de sentirse "abominable", lanzar indirectas como: "no les seguiré siendo un problema", "nada me importa", "para qué molestarse" o "no te veré otra vez", poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc., ponerse muy contento después de un período de depresión, y tener síntomas de psicosis (alucinaciones o pensamientos extraños)

Si el niño o adolescente dice, "yo me quiero matar" o "yo me voy a suicidar", tómelo muy en serio y llévelo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación.

La gente se siente incómoda y no le gusta hablar sobre la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de "ponerle ideas en la cabeza"; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas. Con el apoyo moral de la familia y con tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar y regresar a un camino más saludable de desarrollo.

De acuerdo con la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina se convirtió en el país de América Latina con mayor cantidad de suicidios en lo general y de adolescentes en particular, según reporta el Servicio Especial de la Mujer (SEM).

La crisis socioeconómica, que nos tiene atrapados desde hace años, es el principal disparador del suicidio y los adolescentes son uno de los sectores más vulnerables de este sistema social, señaló la coordinadora del estudio, Graciela Romer.

La investigación se basó en cifras del Ministerio de Salud argentino para determinar que el suicidio entre adolescentes aumentó 48.3, con lo que también se incrementó como causa de muerte para este grupo poblacional al pasar de 4.8 por ciento a 8.3 por ciento en menos de una década.

Pero tampoco se trata de echar culpas, propias y ajenas. La culpa nada remedia ni construye. Solo se trata de mirar y ver. No tenerle miedo a lo que vemos y ocuparnos en la medida de nuestras posibilidades. Los problemas no son menores según la edad de quien los padece. Los problemas son tan graves como la persona sienta que lo son.

La indeferencia y el silencio nunca son buenos consejeros... menos, cuando del otro lado la vida juega al borde del precipicio, tentada en caer en un silencioso abismo que todo lo borra.

nanalmendra@hotmail.com


 
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