Buenos Aires, (Especial para Noticias Argentinas por Luis A. Gramuglia) - EE.UU. está lanzando una fuerte ofensiva para lograr la constitución del ALCA de acuerdo con su propia visión de lo que debe ser un organismo de esa naturaleza. En realidad, a lo que aspira es a conformar un ente que satisfaga sus ansias hegemónicas más que ayudar a que sea un ámbito de real integración regional.
Por eso, el propósito estadounidense es discutir bilateralmente tal conformación, rehuyendo el debate con los bloques preexistentes, por caso, el Mercosur.
La Argentina y Brasil quieren, por el contrario, realizar una negociación desde el Mercosur para tener una mayor capacidad a la hora de confrontar con Washington.
Del mismo modo, aquellos países pretenden dar un trato similar a la Unión Europea.
La posición norteamericana es inflexible en lo que respecta a algunos de los temas en consideración (servicios, comunicaciones), al tiempo que rehuye el capítulo agrícola que es de sumo interés para las naciones latinoamericanas.
La cuestión de la agricultura no es un tema menor. El fracaso de la Organización Mundial de Comercio en Cancún es una muestra de lo irreductible que se exhiben los posicionamientos de los países centrales fuertemente subsidiadores.
Al mismo tiempo, señala un hecho a esta altura incontrastable: difícilmente los subsidios vayan a ser suprimidos en los próximos años. Ni siquiera habría que esperar un recorte razonable de los mismos.
En este contexto, las naciones en vías de desarrollo deberán convivir con ellos y pujar en un comercio enrarecido, influenciado por prácticas desleales que distorsionan claramente los términos del intercambio.
Entonces, mientras EE.UU. Y la UE abren negociaciones sesgadas que atienden sus propios intereses, esas naciones deben padecer las consecuencias de irritantes desigualdades que se traducen en menores ingresos por trabas que se imponen en el comercio mundial.
Mientras tanto, el precio de la soja sigue hacia arriba para regocijo del productor local. Es una buena en medio de tanta malaria.
Será muy difícil cambiar la tendencia de esta suerte de ¨soja dependencia¨ de la que tanto se habla. Los números son contundentes y contra ellos los argumentos se diluyen.
Pero no obstante ello, habría que ir pensando en como defender la calidad del suelo. Sobre el particular, las advertencias que han hecho el INTA e incluso investigadores privados no deben ser echadas en saco roto.
El gobierno, por cierto, se frota las manos ante una producción de soja verdaderamente notable que permitirá exportaciones significativas.
Ello significa que las retenciones operarán como un bálsamo para las necesidades fiscales de la administración nacional.
Estos impuestos no se suprimirán en forma inmediata por lo que los ingresos esperados no serán nada despreciables.
Pero, en lo que hay que hacer hincapié es en la necesidad de diseñar una política para el campo que exceda el mero hecho de aplicar retenciones. Aplicar cierta imaginación, ser creativos puede resultar beneficioso para promover la expansión del complejo agro-industrial, hoy el principal motor de la economía.



