Suena la voz de Raúl Alfonsín en las emisoras argentinas, alguna que otra referencia en los diarios de gran circulación y pintadas en las paredes de la ciudad de Buenos Aires anuncian un acto de recordación de los 20 años de la vuelta a la Democracia en la Argentina.
Son pruebas irrefutables de la nostalgia y de tiempos que no volverán. Dos decenas de años donde a pesar de los dolores sufridos a raíz de los gobiernos dictatoriales de turno, de las antinomias políticas, sociales, culturales y económicas, todavía existe la sensación que hemos transitado hacia a un callejón de difícil salida. La alegría y la esperanza surgidas a la par del retorno del pueblo al gobierno, son valores debilitados y hasta casi perdidos.
Politólogos, sociólogos, psicoanalistas y especialistas en la comunicación social darán sus puntos de vista sobre las causas de la decadencia. Una decadencia que está palmaria y dolorosamente certificada en las estadísticas. Se incrementó el número de pobres; se cerraron fábricas; se produjo una marcada emigración de jóvenes en la búsqueda de un futuro mejor; aumentó la corrupción; se pretendió tapar la historia negra de la dictadura militar; se hirió el principio básico de justicia transformándola en adicta al poder político de turno; se debilitó la educación y quedaron bajo real cuestionamiento público los organismos que la democracia reconoce como pilares básicos de sustentación.
Aparecerán, seguramente, los que volverán a "tratar de refrescarnos la memoria". Estos males son el resultado de no haber superado los traumas del pasado !!!. Es una democracia joven !!!. La globalización !!!. La incidencia estadounidense !!!. Y tantas otras opiniones que sirven para excusarnos de lo que no fuimos capaces de hacer o transformar.
La sociedad política Argentina, en la que me incluyo, no tiene capacidad de autocrítica. Vale la comprobación de ello con dar una mirada rápida a los hombres y mujeres que hoy siguen conduciendo los destinos del país y de la mayoría de las provincias. Solo podrían obviarse, en un buen porcentaje, los municipios. Ahí se ha observado recambio y generación de otras políticas, pese a las recurrentes crisis producidas en el marco de la democracia renacida hace 20 años. La excepción pueden ser comunas - geográfica y políticamente - ubicadas en el conurbano bonaerense.
Pueden existir motivos exógenos que nos hagan atravesar esta frondosa realidad Argentina, pero nadie puede ignorar que los protagonistas de la vida actual somos – en su gran mayoría – los mismos que produjo el 83. Somos los que nos dolió escuchar el que "se vayan todos", y que logramos mantenernos gracias a la esquizofrenia nacional.
No sería inteligente y saludable para la sociedad en su conjunto, dejar de lado las interesadas opiniones de los especialistas en marketing político, que siguen explotando el concepto de desmemoria nacional, reconociendo hasta donde nos hemos equivocado ?. No es este el camino que deberíamos emprender para reconciliar a la política con quienes sufren las consecuencias del estancamiento y la exclusión ?. No será este el momento de hacer lugar para que la conducción de los poderes públicos este en manos de los más jóvenes ?. Los mismos a los que hemos defraudado, cuya franja va entre los 25 y 40 años. Son los que no llegarán fácilmente. No se vislumbran en el horizonte actos de grandeza democrática. Una de las causas, los del 83 nos sentimos económica, social, cultural y políticamente activos. Somos muy pocos los que superamos los 60 años. Además, siempre evitamos la autocrítica.
Cuando por estas horas - en el caso específico de la provincia de Buenos Aires - se empieza a hablar con fuerza de recambios en lugares claves para la vida de los bonaerenses, resurge la esperanza. Pero cuando suenan las resistencias, basándose en el valor de los aparatos, el amiguismo, la mentira y hasta la prepotencia, es como si se defecara en la historia.
Aunque lo dicho suene a escepticismo, estamos obligados a tener la convicción que el renacer es posible. Para ello podemos aferrarnos al refranero popular:
"mal de muchos, consuelo de tontos"
"más que el sable ó que la lanza, suele valer la confianza que el hombre tiene en si mismo"
"poner el pecho ante las balas"
"luchar a brazo partido"
"no recular ni en chancletas"
"no es para mal de ninguno, sino para bien de todos".
Hay una coincidencia mayoritaria en la Argentina: soplan nuevos vientos. Es de esperar que la dirigencia política los haga realidad. En hechos. No en discursos. El recambio debe apuntar, fundamentalmente, a los hombres, dando un paso al costado los que representan el pasado, aunque por edad y legitimación electoral, crean lo contrario. Son, en definitiva, los hombres quienes hacen la política.
Ojalá, en la provincia de Buenos Aires, todos los del 83 nos demos cuenta.
* Jorge Matheus. Periodista, Radiodifusor y ex subsecretario de prensa y difusión de la provincia de Buenos Aires.
Agrego este texto que me envio el Diputado Provincial (PJ) Raúl Pérez, luego de haber leído el correo que le remití con la editorial anterior.
Gracias.
Un científico, que vivía preocupado por los problemas del mundo,
estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos.
Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hijo de 7 años invadió su laboratorio decidido a ayudarlo a trabajar.
El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.
Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista, donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.
Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:
- Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto
Para que lo repares sin ayuda de nadie.
Entonces calculó que al pequeño le llevaría diez días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.
Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.
Al principio el padre no lo creyó. Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.
Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.
¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo: - Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?
- Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero
cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro
lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y
comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. ¨Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo¨.
GABRIEL GARCÍA MARQUEZ
Muchas Gracias !!!



