Mar del Plata, (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal)- Los asistentes al tradicional Coloquio de IDEA intentaron durante horas de debate encontrar su exacto lugar en la Argentina de hoy, ante los interrogantes y las nuevas reglas de juego que les plantea el gobierno de Néstor Kirchner.
Los acertijos se acrecentaron ante el desaire del Presidente, que se negó a cerrar los debates del encuentro realizado en Mar del Plata.
También generó algunos resquemores la inesperada realización de un encuentro paralelo por parte de un sector interno de la Unión Industrial liderado por el Grupo Techint.
Contactos de último momento entre Oscar Vicente, presidente de IDEA, con Paolo Rocca, el número uno de Techint, aquietaron las aguas de la discordia.
Kirchner, al final, no concurrió a ninguna de las citas empresarias, y quedó flotando que fue el propio gobierno el que fogoneó el encuentro de industriales realizado en Rosario, con el fin de desinflar los debates en IDEA.
Sucede que, bajo la óptica oficial, los hombres de este instituto provienen más que nada del sector de servicios y de las privatizadas, los grandes beneficiados por el modelo de los ´90.
Sin embargo, el origen de esta entidad se puede encontrar más que nada en los debates que promovían las grandes empresas productivas.
Finalmente, la sangre no llegó al río por la propia necesidad del gobierno de acarrear voluntades empresarias que apoyen la negociación de la deuda.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, se sintió huérfano de apoyos y convocó a una cumbre de hombres de empresas para tratar de conseguir esos respaldos.
En este marco, comprometió su presencia en los dos encuentros de Mar del Plata y Rosario, como así también lo hicieron otros funcionarios del Poder Ejecutivo.
Sin embargo, algunos temores que anidaban en el gobierno quedaron cristalizados en los debates, ya que en ellos predominó el cuestionamiento a la propuesta argentina a la reestructuración de deuda.
Ante la tensión que tomó la cuerda de la relación entre empresarios y gobierno, los hombres de negocios abogan por la firma de un contrato imaginario con las autoridades con el fin de proyectar un horizonte más límpido.
Pero, por lo pronto, tratan de ver cómo posicionarse ante un gobierno denominado de tono ¨progresista¨, que todavía les genera más dudas que certezas.
Cuestionan sobre todo la ausencia de diálogo entre las partes: ¨Esta falta de diálogo se observa en todos los ámbitos de la sociedad, entre los intelectuales, los empresarios, los líderes políticos y gubernamentales¨, expresó Miguel Kiguel, presidente de la edición 2003 del Coloquio.
A muchos les cuesta admitir que se extendió demasiado la apuesta que hicieron al modelo noventista, que al final terminó en el peor cataclismo.
Más allá de las diferencias públicas, en privado no ocultan cierto entusiasmo por las nuevas reglas de juego.
Así lo demuestra la encuesta que D´Alessio Irol confecciona anualmente para el Coloquio, la cual desparrama buenas perspectivas.
El 77 por ciento de los interrogados ve la situación ¨mejor o mucho mejor¨ que hace seis meses, y más de la mitad traza un escenario positivo para el próximo semestre.
Pero la cruda realidad social se volvió a imponer a los propios debates, y por ejemplo la problemática de la inseguridad se metió de lleno en las presentaciones.
Y esto es así por la simple razón de que no hay ningún proyecto de país posible con el nivel de violencia que se observa por las calles.
Tampoco puede existir una idea cabal de Nación si no se solucionan los graves problemas de la pobreza, la indigencia y la desocupación que sufre la mayor parte de la población.



