Sólo el entendimiento profundo puede ayudarnos a salir de los callejones sin salida en los que muchas veces nos vemos atrapados. Ningún recetario es válido, sino la preparación lúcida y atenta para volvernos fuertes, resistentes y plenos con la aceptación de nuestra vida. La vida es un desafío. La tarea más sensata es conocernos.
Como la alegría, así de chispeante es la vida. Pero hay que saber ir a buscar sus torrentes por los bosques, hasta dar con sus manantiales. Siempre está en juego el anhelo por vivir mejor y el afán por abrir las celdas en donde la vida parece tan atrincherada y empobrecida.
Siempre hay un camino por abrirse. Siempre hay una hendija aún en el mayor de los encierros, siempre Dios, la vida o la naturaleza nos muestran señales por donde abrirnos el paso.
No hay excusas, ni hay premios consuelo. Todo resulta ser un proceso de evolución y la única serenidad está dada por el entendimiento, la aceptación y el despliegue pleno de cada día. Hay que ir en busca de la vida. Que nos haya sido dada, no quiere decir que sepamos tomarla.
Hay cuestiones que hacen a la vida de todos y a los problemas que se nos presentan de manera concreta cuando transitamos nuestro camino en lo cotidiano y anhelamos llegar a una mayor comprensión de nuestro sentido de la existencia, del para qué de tantas luchas, del magma de misterio que nos rodea. Muchas personas desean adquirir un mayor conocimiento sobre los mecanismos de la vida, sobre la aventura del viaje espiritual de la existencia, el lugar por dónde encaminarlo, la forma de fortalecerse, de adquirir integridad y alguna sabiduría sustentable. Para ser más plenos y sostener la alegría. El sufrimiento puede no ser en vano y las falsas comodidades con la trama de la vida tienen precios muy altos. Aprender a dimensionar los rumbos que toma nuestra existencia es la tarea más profunda, más seria y alegre que tenemos con nosotros. Es el fin del aburrimiento y el comienzo de miradas novedosas y plenas de aprendizaje en cada día de la vida. Lidiamos con una enorme fragilidad y con un radical terror a enfrentar sin máscaras la vida.
¿En qué consiste nuestra niebla? En creer en pobres ideas como si fueran fuertes, o en apegarnos a rumias mentales detrás de las que no late ningún concepto que haga vislumbrar un porvenir. Creemos con ingenuidad que tomamos decisiones, pero la decisión es posterior a un largo y complejo trabajo de conexión con el afuera y con el interior de uno mismo, conexión entre las fuerzas que necesitamos y las fuerzas de las que disponemos. Esas decisiones que surgen del trabajo sobre las fuerzas son irresistiblemente potentes y recién allí veloces y contundentes.
Un viaje espiritual comienza por el cuidado de sí mismo y no se encamina hasta que no se desmonta al déspota y al legislador que llevamos dentro y que también vive a nuestro alrededor. No hay armas, hay herramientas para salir del terror, de las capturas mágicas y de las promesas de justicia. Hay que meterse en el tuétano de la vida a través de un proceso de experimentación con lo más profundo de mí mismo, mis sensaciones. Es por una vibración física y una captación mental, que levantaré la fuerza de mi pensamiento, la firmeza de mi acción y la serenidad de mis afectos. Debo aprender a atravesar planos de conocimiento, entrever el alcance de las acciones y vislumbrar las multiplicidades que me impregnan.
La vida es una aventura compleja hecha de ritmos y velocidades, de uniones y de distancias, de amores gloriosos y de espantosos infiernos. Y siempre ese instante de libertad que permite decidir "qué tan hondo del hoyo del conejo" se quiere ir.
Fuente: www.ruedasdelavida.com. María del Carmen Calvo es una reconocida psicóloga, profesora de la carrera de Psicología en la Universidad de Buenos Aires, También coordina grupos de estudio sobre desarrollo de potencial humano y ha publicado diversos libros.



