"La mansión señorial, que no es atalaya de señores feudales sino altozano de democráticos caballeros, conserva el hálito de sus moradores insignes", asegura don Luis Del Greco, socialista democrático, seducido por las luces de nuestra oligarquía.
Del edificio conocido como Mansión solariega de los Costa sólo nos resta la ruinosa sombra. El argumento es la falta de presupuesto, pero la verdad es la ausencia de imaginación. La insidia y algunas anacrónicas discrepancias políticas hacen el resto. Aún se combaten las sombras de estos oligarcas que fundaron Campana para especular con las tierras. Además los celos, tan naturales en el hombre, hicieron engorroso algo que debió ser resuelto con una comisión de restauración autónoma.
La mansión, recién quedará terminada a fines del siglo XIX, con algunas mejoras efectuadas a comienzos del siglo XX, las últimas hechas después de la muerte de Luis Costa (fallece en su casa de Artes Nº 1158, hoy Carlos Pellegrini, en Buenos Aires, en 1902). Si bien según Fumiére su planta baja había comenzado a construirse "antes de la fundación del pueblo", esto es antes de 1875, (aproximadamente en 1873, coincide Sinay en su libro Vida de Luis Costa).
Esta planta baja no fue habitada por los Costa en un comienzo. Fue alquilada a Melitón Panelo, un arrendador de los campos de Campana. Recién "más tarde, se agregó la segunda parte" afirma erráticamente Fumiére. Por "más tarde" puede entenderse que se refiere al año 1898, época en que Luis Costa y sus familiares e invitados se mudan, es un decir porque ellos vivían en Buenos Aires, de la residencia de verano a la actual mansión, por entonces ya habitable, con algunos detalles por terminar y/o corregir.
La casa, casi contemporánea al pueblo, fue en su tiempo como un adorno en las barrancas. Pero en esta mansión nunca estuvo Sarmiento, ni Bernardo de Irigoyen, ni el general Roca, ni tantos otros que se nombran... Es más que probable que las frecuentes veladas en la casa de Luis, en Buenos Aires, o en la quinta de Martínez, se hayan trasladado imaginariamente a la mansión veraniega de Campana.
En su interior crecía la leyenda. "Porcelanas traídas de China -Del Greco describe las fotografías de Schiavetta-, un escritorio que había pertenecido a don Juan Manuel [casi como un trofeo de caza], infinidad de muebles y objetos primorosamente elaborados por ebanistas y orfebres, exóticos tapices y cuadros de pintores eximios, requerían la mirada especializada del crítico en artes."
En las fotografías de Schiavetta que ilustran Vida de don Luis Costa, de Sinay, vemos sillas y sillones que dicen ser de la época de Rosas; porcelanas, relojes candelabros de plata; un comedor con trinchantes, vitrinas... y "una artística y monumental chimenea que procede del palacio del gran duque Alejandro de Florencia, delante de la cual Lorenzo Di Pierre Francesco, ´Lorencino´, asesinó villanamente al gran duque Alejandro" según reza epígrafe.
El estilo de la construcción responde al clasicismo francés Luis XIV, que se afirma en el almohadillado, balaustradas, frisos, cornisas y ornamentos reticulados que muestran ambas plantas. Dicho edificio ostenta, en palabras de Fumiére, "esa majestuosidad imponente que, por las sugerencias que evoca, se nos antoja un monumento a los fundadores de nuestro pueblo." ¡Véanlo ahora! ¡Vaya monumento!
"Aún las jóvenes generaciones prefieren estas reliquias arquitectónicas -razona Sebrelli-, a las espectaculares torres que fascinan a la clase media. Una vez más comprobamos el culto a la oligarquía, la predilección por las cosas antiguas que recuerdan un pasado de esplendor".
A veces los excursionistas regresaban más cansados que descansados. Además las obligaciones sociales en Buenos Aires parecían crecer conforme envejecían y el ferrocarril, a unos pasos de la casa solariega, los dejaba en un par de horas en Buenos Aires, a donde pertenecían, y en donde revivían como peces devueltos a su pecera, en este caso la sociedad porteña. Se les hacía difícil su permanencia en Campana, aunque fuera por horas; la administración de la venta de lotes y el arriendo de los campos se delegaba terceros. Una mansión demasiado grande para unos días de descanso, jornadas en que se fatigaban en dar indicaciones y hacer arreglos y reformas constantes, pese a los "fieles servidores que se conducían como amos, dada la familiaridad afectuosa que los vinculaba" Es coherente que estas palabras provengan de un hombre destacado del socialismo democrático, como lo fue Del Greco: "Fieles servidores que se conducían como amos"... Esta y otras opiniones están acordes con la admiración que muchos de los integrantes del viejo partido socialista argentino sentían y sienten por la oligarquía. "Fieles servidores que se conducían como amos"... Es que las familias tradicionales no desprecian al vulgo, dice Pérez Amuchástegui, por el contrario se jactan de su trato con las clases inferiores. "Y ahí reside el quid: pese a tal llaneza, las consideran, no más, inferiores". Esto puede observarse en el "trato que dan al servicio doméstico; son cordiales, amables, tolerantes y hasta cariñosos...; pero no hay una mera relación de patrón a empleado, sino de persona importante a individuo insignificante."
Aún en épocas más contemporáneas, en la casa habitaba la hija de Luis, la Niña de los Costa, es decir Sofía Lina (30.9.1875 al 3.5.1951), ésta sólo estaba de visita, porque ella "vivió en la metrópoli el ambiente refinado", en un ámbito que era "continuación de aquel que frecuentaba don Eduardo". La Niña retornaba a Campana al regreso de sus voyages, por el Viejo Mundo. Viajaba a Europa, tal como lo habían hecho sus antepasados, desde Pueyrredón, su abuelo Braulio, sus tíos, su madre doña Lina Echenagucía Miguenz (que llevó con ella, a París, un yaguareté enjaulado, como recuerdo de las pampas). Viajaban al extranjero por placer, pero más porque legitimaba su condición.
La casa de los Costa era un juguete para Sofía. Esto lo dice Del Greco: "volver a su ´parque´ era volver a su juguete preferido" Y añade a esto, que le gustaba "rodearse de personas humildes que la tuteaban" Esto último es de destacar: ¡Del Greco admira la amplitud y comprensión de esa Niña tolerante con sus vasallos!" La niña, como llamaba Juan Manuel de Rosas a su hija Manuelita. Como vemos, en la mansión de Campana, no sólo los muebles eran de la época de Rosas.
Con la muerte de Sofía, en 1951, se extingue el apellido de esta rama de los Costa, los hijos de María Luisa Costa Echenagucía, casada con Alberto Bracht, son los legítimos herederos. Luego de ofrecer a la comuna la mansión con todos su mobiliario, según me cuentan sin que me conste, los Bracht ponen a remate la casa y sus muebles en 1958, y a partir de la fecha de su venta el edificio cae en un progresivo deterioro.
Después de 22 años la Comisión Municipal de Estudios Archivo y Museo Histórico del Partido de Campana, logra que la Municipalidad, adquiera la propiedad. "La comisión --apunta Alídes Cruz en Ventana al pasado, p. 44-- estaba compuesta por Víctor Luis Capusso, Patricia Huarte de Balmaceda, Germán S. N. Groenenwoold, Alídes P. Cruz, Eduardo Albo, Oscar Alberto Serrano, Aída J. N. de Códega, Ana Camezzana y Elida Mollo de Rossiter."
"Pero las autoridades que se hicieron cargo del municipio a partir de 1983 --prosigue Alídes Cruz-- desconocen esta comisión que tanto luchó, aún sin ser remunerada, pero movida por el mayor entusiasmo. Un inexplicable desinterés envolvió desde entonces todo lo conseguido."



