Un día cualquiera porque los pensamientos y las ideas son algo mas abstracto que un gol y no se registran en los diarios, decidió ser el mejor.
Advirtió que tenía las ganas, el físico y la mente para conseguirlo. Y se obligó compulsivamente a serlo. Se lo ordenó a él mismo, como en esos libros de Og. Mondino. ¨Cuando otros hgan un gol, yo también lo haré porque puedo, cuando unos salten alto, yo saltaré mas alto aún, se que puedo, cuando aquellos traben fuerte, los doblaré en potencia, estoy seguro de poder hacerlo, cuando todos estén exhaustos, retemplaré mi espíritu, seguiré adelante, y venceré, venceré. Se que este es mi destino vencer. Y cuando lo haya logrado, habrá cumplido con mis compañeros, pero, fundamentalmente, conmigo mismo¨.
Aquel día en que se exigió cumplir con un destino prefijado, este raro personaje con rostro parecido al ¨Checho¨ Batista, con destino también de volante, estaba probablemente en el Club Ferrociarios nidos de Zárate, es decir, en sus pagos de nacimiento. De las divisiones menores de esta entidad, llegó rapidamente a la primera del fútbol de la Liga Zarateña, integrando la selección juvenil de aquel medio en el torneo de la Federación del Norte y entonces llega a préstamo a Villa Dalmine y luego de rendir el exámen de ingreso se propuso cosas mayores.
Cuando llegó a la primera, cuando sus juveniles sueños se convirtieron en hermosa realidad, llegó la lesión en un entrenamiento en el que sufrió una distención de ligamentos en el tobillo, la cual lo postergó. Pero él tenía la convicción de reconquistar con el paso implacable del tiempo, el puesto perdido y no se doblegó nunca. Entregó todo su esfuerzo, a veces puso demasiado y fue en algunas oportunidades amigos de la tarjeta ¨roja¨, supo entonces corregir a tiempo ese defecto tan perjudicial, tanto para él como para el equipo, y entonces comenzó a rendir mas y alcanzó su objetivo. El gladiador le regaló al hombre la recompensa mas sublime: la gloria de ser feliz. El fútbol le estaba dando lo que él tanto quería, la alegría de jugarlo, la suerte de estar nuevamente en primera, el aplauso de la gente y a los 22 años integrar el plantel de Villa Dalmine que se consagrara Campeón de Primera ¨B¨ Metropolitana ´88/89, su unico ascenso al Nacional ¨B¨ y en ese momento sexto título de la citada institución.
Una bandera que decía: ¨La barra de La Torre¨, asomó en el estadio en su primera vuelta olímpica, en aquel 25 de febrero de 1989, cuando de local al igualar 0 a 0 ante Nueva Chicago, conseguía un halago muy difícil de olvidar, para ese jóven de estudios secundarios, que tenía como música preferida el rock y como cantante a Miguel Mateos Zas.
En el Campeonato 1990, Torneo Apertura de Primera División de AFA, se produce su debut en la primera del Club Estudiantes de La Plata. Fue el 24 de febrero, en el inicio del mismo en cancha de Ferro, siendo local nada menos que el club del cual él es hincha, es decir San Lorenzo. La alineación ¨pincharrata¨, fue la siguiente: Yorno, Ramirez, Trotta, Prótola y Erbín, Gustavo Balugano, Peinado, Capria, Aredes, Vera y Centurión. DT: Humberto Zuccarelli, ganó San Lorenzo 2 a 1 y los tantos lo señalaron a los 2 m. Capria (EP), 32 m. Gustavo Matosas (SL) y 71 m. Adrian Czornomaz (SL).
En el dueño de casa jugaron el ¨Chino¨ Zandoná, nacido en Zárate y Sergio Jose ¨Pepe¨ Celiz, que luciera también la divisa ¨violeta¨ de Villa Dalmine, y a los 30 años llegara a la entidad de Boedo, del Cruz Azulñ de México en el Apertura del 90.
Luego, Gustavo jugó en Platense y en otros equipos, y sus lesiones dieron lugar para que su vuelta a nuestros pagos no fuera lo feliz que él quería. No obstante la gente recuerda a este ex-valor al que un día lo bautisaron como ¨El vikingo¨. El personaje que siempre tenía algo para conquistar, ese que también marco goles sin ser delantero. El que fuera amigo de ¨Palito¨ Galván, el que siempre está agradecido por lo que le enseñaron Roberto Resquín y ¨Pipo¨ Ferreiro.
Gustavo fue otro zarateño triunfador en suelo campanense. Es que el futbol nos une aunque muchos no lo entiéndamos.



