Jugar a la pelota en la calle era un divertimento de todos los días, si éramos solamente dos era infaltable el partidito a "las cabezas" o sobre la enorme vereda de baldosas amarillas y un árbol flaco del vecino la gambeta y el gol en un solo partido se transformaba en horas de diversión. También los árboles de la casa de Don Domingo Pan, eran el arco perfecto para jugar "al cordón", o unos tiritos al arco con transmisión del relator de turno incluida.
Eso si, cuando éramos mas, la calle se transformaba en estadio y de vereda a vereda en ida y vuelta, eludiendo el agua del cordón de la vereda ya con las "Flechas" hecha barro, el tiempo era eterno para jugar a la pelota. Cuando ya consideramos bastante juego futbolero, optábamos por "el hoyo-pelota" para amenizar la competencia.
Para los que vivíamos en pleno centro la calle era la canchita, no habia posibilidad de tierra y pasto. Por eso un día con el tanito Petta, conseguimos unas cañas y el hilo del barrilete frustrado para hacer un arco con sus redes, y lo instalamos en el fondo de la casa del tanito. Sin querer queriendo hicimos el arco para transformarnos por un rato en Antonio Roma, Amadeo Carrizo o Carlos Buticce, era mi primer potrero serio. Canchita de tierra y poco pasto, con un arco casi real y líneas marcadas con el borde de la zapatilla sucia y gastada de tanto juego.
Hasta que un dia sono el timbre en plena siesta, deje la pelota cerca de una maceta en el patio, subi las escaleras de la terraza y ahí estabn mis amigos.
-hola,que pasa?
-Vamos hasta el club a jugar a la pelota?
Previo permiso salimos caminando hasta el club Dalmine, íbamos a una cancha que se llamaba "la Reforme". Para mi era mas grande que el fondo de la casa del tanito y ni hablar del arco. Un alambrado todo roto enredado entre árboles nos hacia de cerradura para espiar su largura vacía, desperdiciado por un momento. No éramos socios pero queríamos jugar ahí. La secretaria del club estaba pegada y seguramente nos iban a "rajar". Decidimos pegar la vuelta y entrar por la barranquita que formaba camino de tanta "colada". Y ahí estaba "la reforme" con su más tierra que pasto, de arcos de madera con los postes en forma de cubos, duros, fuertes, las áreas apenas marcadas, pero potrero enorme al fin, potrero de chicos criados en asfalto. La Reforme" fue un enorme potrero de muchos, rara sensación creada al jugar con un maternidad silenciosa al lado. Hoy el lugar esta cruzada por una calle en bajada. Si por esas casualidades cierro los ojos, veo a la "yiya Montero" y su silbato haciéndonos jugar un rato, mas allá a Don Domingo Pepe y su enorme calidad instructora para infantiles, al tanito Petta en su puesto de cuatro. Siento el dolor por esa distensión de ligamentos cuando mi extrañable amigo el "manino" Llanos no quiso que haga el gol del triunfo y la risa cuando llegaba un niño Down al que llamaban "Domi". Todavía me doy lastima mi sensación de susto cuando nos llevaban a secretaria para firmar no se que libro porque no teníamos permiso para jugar.
La cancha "reforme" del club Dalmine era reunión de fútbol sano, de chicos sintiéndose grandes, de pelones sin dolor por su tierra empedrada. Era la canchita del barrio céntrico, la aventura de colarse para jugar, en la que había que patear despacio para que no se vaya la pelota a la barranca. Era un polideportivo de solo fútbol. La verdad se te extraña…
Hasta la próxima
NESTOR OSCAR BUERI
Coordinador de Grupos Psicólogo social
nbueri_ps@hotmail.com



