Jorge Julio López desapareció dos veces. En la dictadura lo torturaron, en la democracia lo silenciaron. Repudiar y recordar es un ejercicio necesario, pero siempre insuficiente. Es responsabilidad de todos nosotros como sociedad comprender lo sucedido, comprender sin justificar, comprender sin perdonar. Sólo la comprensión puede permitirnos avanzar en un sentido en que este tipo de cosas no vuelvan a suceder.
Jorge Julio López era albañil, un asiduo colaborador de una Unidad Básica del humilde barrio Los Hornos en La Plata. Una víctima más de una dictadura que secuestró, torturó y asesinó indiscriminada pero sistemáticamente.
López encarna a la perfección el tipo de víctima inocente que intentó forjarse en la transición democrática, despojado de ideología y vocación política. Pero esto es falso, López encarnaba el tipo de militante que más molestaba a la dictadura militar: un trabajador humilde con vocación de ayudar a los demás, un anónimo de la política, un soñador modesto y silencioso.
Julio López se encuentra en ese 30,2% de los detenidos-desaparecidos que según la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas eran obreros. Si bien el Proceso de Reorganización tuvo un objetivo de disciplinamiento social, como instrumento para implementar un modelo económico de corte liberal, esta explicación es insuficiente. La dictadura combatió el disenso y la participación, pretendió fundar una sociedad despojada de matices y opiniones discordantes, acallar las voces que reclamaban algo distinto. La menuda militancia de López era eso, una voz disonante frente al terror, una tímida queja ante la desigualdad y la marginalidad.
El retorno democrático y la esperanza de la política lo hicieron afiliarse al Partido Socialista en 1985. Los avances y retrocesos de la justicia frente a los crímenes de lesa-humanidad hicieron que su testimonio tardara varias décadas en ser escuchado, en dejarse oír. Finalmente fue durante el año 2006 que pudo testimoniar, hacer oír un cruento y detallado relato de torturas y vejaciones, dar a conocer sus sufrimientos y padecimientos, fue de los primeros en animarse, a pesar de las amenazas, en poner su voz frente a los jueces para que estos crímenes fueran reconocidos como genocidios, de los peores crímenes contra la humanidad que se puedan imaginar.
Sin embargo fue lo último que pudo hacer. La impunidad emergió de las sombras: Julio López volvía a desaparecer. Han pasado ya 6 años de su segunda desaparición y predominan las dudas sobre las certezas. Los responsables nunca fueron identificados, nunca se hizo nada para evitar su desaparición, y la impunidad volvió a ganar.
Su desaparición fue un mensaje claro que se quiso enviar a todos los que de a poco fueron tomando coraje para declarar, algunos incluso no quisieron tener el mismo destino que López y no enfrentaron los juicios, y nadie se los puede reclamar, el estado debía haberse preocupado antes cuando las señales se estaban enviando. Recordarlo es mantenerlo con vida, el presente nos recuerda de manera ruin que el pasado no se sepulta con sólo pretenderlo.
Desde la Juventud Socialista de la Provincia de Buenos Aires invitamos a tod@s a reflexionar sobre esto, a reclamar por la aparición con vida de Julio López y todos los desaparecidos en dictadura y en democracia, a ponernos de pie para no permitir que esto vuelva a suceder, a reclamar por el juicio y castigo a los responsables.



