Esta columna no está dirigida hacia aquellos pocos que aún creen que las cosas marchan bien en Argentina. Menos hacia aquellos que consideran que nuestros problemas son resultado de una confabulación internacional en lugar de ser la consecuencia natural de nuestras propias acciones. Si aún así tienen la apertura mental para escuchar al que piensa distinto, adelante, bienvenido.
Los recurrentes finales de ciclo acompañados con la sensación del tiempo pérdido son una constante en la vida argentina. Hoy se trata de reflexionar sobre qué es lo que debe cambiar para que las cosas verdaderamente cambien.
Ante todo al país lo cambia un tipo de liderazgo distinto. Un liderazgo que prefiera educar al "soberano" (el pueblo) en lugar de decirle a cualquier precio lo que quiere escuchar. Entender las necesidades del pueblo sí; pero decirle la verdad, estableciendo metas realistas acerca de cómo lograr los objetivos.
Ese liderazgo, no está restringido a lo público, sino también a la esfera privada y a las organizaciones de la sociedad civil.
El cambio requiere también de un pueblo que no quiera que le mientan. De un pueblo que elija. De un pueblo que participe en la vida social. Una sociedad civil vigorosa es aquella que tiene "vida propia". Que tiene una agenda independiente de los gobiernos de turnos, porque los gobiernos son empleados del pueblo.
Precisamente en este punto reside uno de los aspectos centrales que debemos cambiar: esa sensación de que en democracia elegimos al que nos va a "dominar" por un tiempo. Por el contrario, el que elegimos debe responder a nosotros (mayorías y minorías de la democracia). Para ello el ejercicio de la ciudadanía no se limita a ejercer derecho a voto, sino que se extiende a cada área de la vida diaria, donde sea necesario peticionar, proponer, o controlar.
Uno de los aspectos centrales para que esa participación resulte en mejor calidad de vida tiene que ver con la calidad de las instituciones. Los argentinos debemos ser férreos promotores y guardianes de nuestras instituciones republicanas. Debemos procurar por una Justicia independiente, competente y efectiva. Debemos conocer quienes son nuestros representantes en el Concejo Deliberante, las Legislaturas provinciales y nacionales, y peticionar a través de ellos, quiénes tienen que saber que son representantes del pueblo y no de los gobiernos o de un sector político.
Pero la calidad institucional no pasa sólo por las instituciones centrales relacionadas con la división de poderes que establece nuestra Constitución Nacional. También por otras instituciones claves de un Estado Moderno: los Institutos de Estadísticas, el Servicio Exterior, las Fuerzas Armadas, las fuerzas de Seguridad, los Bancos Centrales, entre otros. Es decir, de cuanto organismo requiera de un cuerpo profesional y altamente motivado, y cuya efectividad a través del tiempo sustente las políticas de estado de una Nación que se inserta exitosamente en el mundo.
Se trata de aprovechar de una buena vez este regalo de la época que nos toca vivir, que es un mundo globalizado que revaloriza la producción de agroalimentos y commodities agrícolas, a la vez que premia la educación y la innovación aplicada. Un mundo que a través de las tecnologías de información y las comunicaciones horizontaliza las relaciones de poder, y abre enormes oportunidades para aquellos que se enfoquen en la creación y difusión de conocimiento. En definitiva, una época en la que van a ganar los que estén preparados para entender y jugar ese juego.
La base para aprovechar este mundo pasa por regenerar aquellos liderazgos y esas instituciones, que junto a una sociedad civil vigorosa se planteen hacer de Argentina el país que los argentinos nos debemos hace ya bastante tiempo. La fórmula virtuosa es nuevo liderazgo + participación cívica.
En el Pro estamos convencidos que es mucha la gente que quiere este cambio, y también son muchos los líderes, dirigentes, y políticos que quieren lo mismo. Esto es independiente de las identificaciones partidarias. El desafío que se plantea para los próximos meses es articular a los que tenemos objetivos similares para que el cambio tenga la fuerza que debe tener. No se trata necesariamente de formular alianzas políticas sino, principalmente, de movilizar a los actores desde sus diversas áreas de actuación. Y en tal sentido todos somos actores.
(*) Pro Campana



